Y me di cuenta de que el odio
habitaba en mí, Mi sombra es un pálido trasunto de mi alma, despedacé la venda
de vanidad, me acepté con toda mi humanidad. Yo, que soy esa hoya donde hierven
sentimientos despreciables, donde la envidia me carcome y los celos me arrebatan del conforte de mi
autoproclamada “racionalidad”. Negando esa ignominiosa y humana estancia donde
me deleito con el desengaño e infortunio ajeno, siendo un puto mentiroso que impregna
de tabúes y trabas a su infecto corazón, su corazón humano. ¡Ja! procurándome
imperativos categóricos y bañándome en las turbias aguas del idealismo,
predicando una fraternidad en la que no creo ni por un segundo, y pensar que ni siquiera puedo quedarme viendo
por más de 30 segundos a los ojos de otro ser humano sin inundar mi ser de un
sentimiento de ridiculez, de falsedad, de una desmesurada otredad, casi
cancerígena. Mi ego siempre es tan alto que me impide acercarme a otras
personas, las considero intelectualmente inferiores, me aíslo, me encuartelo en
mi bilis, las considero felices, me considero triste por comprenderlo todo.
Pero llega el momento en el que entablo un diálogo con cualquier persona y me
demuestran todo lo contrario, una notable superioridad intelectual sobre mí,
siempre abatiéndome en la más simple mayéutica, no tengo el poder de cambiar
mentes, no tengo el don de hacer sentir empatía. Mi bagaje intelectual,
probablemente lo único que considero un poco sobresaliente de mí, se
subordinada y somete a cualquier otra voluntad, resignándose cabizbajo; y el
sentimiento de estar enclaustrándome en el inmenso vacío, en no ser especial,
en una existencia exagerada y sobrevalorada que sólo puede ser percibida por mí.
Los ojos se abren, la estupidez aflora, tanta interdisciplinariedad a medias,
tantos conceptos tajados, un pensamiento casi infantil, una cosmogonía mágica,
un collage de verdades que expiran, puntos de vista mutando aleatoriamente como
sonidos que se alargan y agudizan en un
desesperado intento de convertirse en sinestesia y que sólo quedan en un
quisquilloso bramido. Mi propio escenario se desmantela. Estoy envuelto por el
sinsentido, cumplo (al igual que todos) mi sentencia a la aleatoriedad. Una
realidad que sólo me ha dejado temeroso y esquizoide. Yo que padezco el don de
la precaución estoy condenado a vagar por un tablero oscuro mientras todos mis
caprichos perecen en tragicomedia. Envidio a aquellos que luchan, aquellos que
se lanzan al vacio por sus ideales, esos activistas políticos que se enfrentan
contra sus némesis en desgarradoras y épicas batallas; muchas veces portando
una visión parcial como estandarte, criticando a un sistema sin la previsión de
conocer sus entrañas. Esos orgullosos marchistas que no tienen ni la más mínima
puta idea de cómo se desempeña una nación en sus primordiales funciones
económicas, ellos, con sus banderas de cambio elitista que pulverizan
únicamente a la parte más purulenta y llagosa del pútrido tejido social,
esperando ciegamente que las demás células del mismo rapaz y sanguinario demonio
muestren o generen misericordia. Soy un snob, me uno a la euforia de las luchas
sociales. Voto, aún a sabiendas de que eso no me traerá ni un minúsculo
vestigio de democracia ni voz, simplemente demuestro mi apoyo a sus imbéciles
mentiras, pero de todas formas lo hago, sabiendo que todo este teatro está mal,
que limita el potencial humano, que lo hunde en contradicciones, que lo obliga
a odiar, a envidiar, que lo enferma de poder, que lo esclaviza, que lo deja
afiebrado, limitado, nulo. Empuja al ser a vivir una vida irracional, empolvada
de competencias malsanas. Creamos todos esos conceptos fútiles que relegan a lo
indispensable al rango de pasatiempos: ecología, saber, exploración,
psicología, ciencia, experiencias, arte, filosofía y amor. Esas indiscutibles
verdades no funcionan cuando los principales titulares son: Economía (basada en
dinero) y política: poder. Soy un hipócrita, sé que las cosas no andan bien y
las tolero, mis actuaciones difieren en gran medida de mi forma de pensar, el
sistema me obliga, pero nadie me obliga a seguir al puto sistema, soy un
cobarde, soy un egoísta, me procuro una obra artística muy personal, creo
firmemente en la educación pero no hago ni verga para transmitir ni educar mis
conocimientos a aquellos que cargan su venda, es fácil buscar culpables para
evadir las responsabilidades propias, sé que el gobierno está mal, que es un
concepto estúpido que desde hace miles de años no ha servido más que para
cortar las alas al desarrollo humano, sin embargo, aquí estoy, escribiendo
estas líneas desde mi oficina en una estancia gubernamental. Sólo me gustaría tener las agallas para que mi
pensar y mi actuar se encontraran por primera vez como dos temerosos y ansiosos
pubis adolescentes realizando una precaria misión de reconocimiento.
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jueves, 19 de julio de 2012
martes, 3 de julio de 2012
OTRO CUENTO DE NARCOS
Yacía bocabajo en el frío asfalto
empapado por la lluvia, con la diestra dolorosamente emparedada entre mi espina
dorsal y su huesuda rodilla, el cañón se restregaba con vehemencia en mi nuca forzando
a mi nariz ha rasparse con el rugoso pavimento. Solté una breve risa, un tanto
nerviosa, ante el ridículo hecho de verme como un “criminal”. Creo que también solté
una lágrima, sabía que el momento había llegado, no me sentía arrepentido,
estaba repleto de un coraje e impotencia, insisto: de grado ridículos. Parecía
un milagro, escuché su voz, quizá sería una alucinación inducida por el pánico
de ver mi vida desmoronarse, pero se escuchaba bastante clara, no podía ser una
alucinación, no sé cómo llegó ahí, pero le gritó con imprecación: “¡Déjalo ir
grandísimo pedazo de mierda, él no es para ti!” Él se rehusó a liberarme, por
lo que recibió la infalible explosión de una 9 mm en su estúpida cara de
policía. Por inercia su mano jaló el gatillo del arma que apuntaba a mis
idealistas sesos.
No recuerdo a qué edad probé la
marihuana por primera vez, quizá fue a los 13 o 14 como la mayoría, me parecía divertida…
como a la mayoría. Nunca le presté mayor importancia, era algo que se hacía en
las reuniones semanales con los amigos tras beber unas caguamas Corona bien
muertas, el caso del comienzo es lo
menos importante; sí, lo admito, fue indispensable para poder sobrellevar el
duelo de la pérdida de mi madre, y para poder proseguir con mi vida.
Cuando me quedé solo, la
posibilidad de continuar estudiando se veía tan distante que la abandoné por un
tiempo, dedicándome a una serie de empleos burocráticos y mal pagados que
absorbían por completo cada uno de mis sucios días pero me permitían poder
pagar renta, gas, luz, agua y comida… cero lujos. Por lo regular me veía encuartelado unas
dieciséis horas al día en un cubículo de 1.50x1.50 realizando llamadas de cobro
para bancos, tras la desmoralización per se del trabajo mierdoso, tenía que
recibir ráfagas y ráfagas de obscenidades y amenazas hacia mi persona, como si
mi ser tuviera algo que ver con esas corporaciones maquiavélicas, yo sólo era
un miserable pepenador de un sueldo que me permitiera cubrir las más básicas
necesidades humanas, entre ellas, lo admito, la bebida y drogas, de no ser por
ocupar mi único día de descanso semanal en colocarme como poseso, me hubiera
volado el cerebelo hace mucho tiempo.
Uno de esos desabridos días Liliana,
una compañera del trabajo de la cual me encontraba enamorado, descubrió un
paquete de papel para liar porros que descuidadamente dejé sobre mi escritorio
durante una de mis múltiples visitas al baño para drogarme. Para hacer lo más
breve posible la historia, ella también era adicta a la mariguana, atravesaba
una sequía, su único dealer había desaparecido sin dejar pista alguna (el
cliché más grande de los mejores dealers) me pidió un poco, por fortuna ese
mismo día era el último de trabajo antes de nuestro día de descanso, que por un
capricho del azar también coincidía. Fuimos a mi piso, liamos un par de gallos,
bebimos unos vasos de mezcal escuchamos unos acetatos en mi viejo tocadiscos
(única pertenencia recreativa que poseía, lo demás era mi poca ropa, vasos y
platos y cubiertos desechables listos para lavarse en el lavabo del baño, una
hielera para guardar alimentos y un sillón de tres espacios que por las noches
fungía como cama( y obvio una breve pero interesante colección de elepés))
culminamos la noche follando con desesperación animal.
Liliana Mendoza: estudiante de
Filosofía de la FES Acatlán, depresiva, trabaja de medio tiempo para solventar
sus estudios, hija de familia bien acomodada, su ego e independencia le impide
aceptar cualquier cosa proveniente de sus padres, es una estudiante promedio,
más bien holgazana pero inteligente, adicta a la cannabis (si es que fuera de
una temporal dependencia psicológica tal cosa pudiera existir).
Tras varias semanas de bohemia, cannabis,
romance y rock setentero en mi piso, invité a Liliana a mudarse, aceptó sin
dudarlo ni una vez. Poseía una gran colección de libros y copias fotostáticas
sobre filosofía, poesía y diversos tratados experimentales, poseía poesía. Por
las noches tras llegar abatidos del horrible trabajo, y después de hacer el
amor, yo me sumergía a descubrir algo nuevo en esos libros, siempre lo encontraba,
Liliana era una mujer muy inteligente, me instruyó bastante en mis lecturas,
siempre dispuesta a debatir y a dejarme callado en mis pobres e incultos puntos
de vista.
Cuando compraba la hierba en mi
día libre, introduciéndome en esa selva de lonas rosas, amarillas y azules
llamada Tepito, siempre me encontraba en total estado de paranoia, me convencía
yo mismo de que fumando un gallo me tranquilizaría, pero en lugar de eso la
paranoia se expandía abarcando todo el cerebro: en cada lugar veía policías,
todos eran esos hombrecillos de azul que iban directamente por mi culo, sentía
las miradas de todas esos insignificantes transeúntes juzgándome, devorándome
con fiereza, haciéndome sentir como un asesino descuartizador pedófilo caníbal,
cuando en realidad yo sólo quería un buen colocón. Por suerte sólo compraba
dotación semanal, era fácil distribuirla entre mis dos botas para el camino a
casa, sólo una vez me catearon los policías, no encontraron nada, salvo una
cara pálida sudorosa y un tartamudeo que los divirtió.
Tepito era un buen lugar para
comprar, yo siempre iba con “La Chapa Guzmán” una vieja dealer sesentona que
siempre me daba la mejor hierba del lugar, además era un sitio seguro para
evitar las redadas policiacas: entrabas por una tiendita, decías al propietario
que ibas a ver a la Chapa, te dejaba traspasar una cortina negra que estaba en
el fondo del local, entrabas a una vecindad ciudad perdida, te parabas frente a
la casa de la Guzmán, dabas el chiflidito característico y la puerta se abría. Al
salir cargado podías escoger tres caminos diferentes: la puerta de la vecindad,
sitio que era el más caliente y arriesgado debido a la gran cantidad de redadas
que había en el año, cerdos que sólo querían su rebanada de pastel y jodían a
los pequeños e inofensivos drogatas como yo. La tiendita por la que entrabas,
tenías que pagar $10 para poder utilizar esa salida que no se encontraba al 100% exenta de la posibilidad de una redada, hay mucho chivatón por ahí. O la
más segura: por la carnicería de Don Pepe; esta salida, la Guzmán sólo se la
indicaba a quienes ya consideraba de confianza, a mí me dio el tip tras dos
años de comprarle a ella mi cargamento semanal, a Don Pepe también se le tenía
que pagar $10.
Una de nuestras noches de
pachequés en el piso, la desgracia ocurrió mientras Liliana y yo estábamos
colocados como monos, comenzamos a hablar del trabajo, más que nada chistes
sobre la obesidad del jefe, llamándolo fracasado sin futuro e ignorante, lame
huevos, en fin; todo esto enmarcado con las pintorescas frases de la jerga del
mariguano: “hay que ponchar otro gallo, mientras sácate el pinche hitter” “¡qué
buen tren!” “corre el toquirrol” etc. Durante la plática y como si estuviera
invocándolo mi celular sonó, era una llamada de ese bastardo del supervisor, mi
jefe. Me dijo: “¿Conque gordo, ignorante, sin futuro y lame huevos, no? Mañana
quiero que se presente a mi oficina para un antidoping, si encontramos
cualquier tipo de sustancia ilegal en su cuerpo lo echamos de patitas a la
calle, no es el tipo de visión que la empresa quiere dar, puntualito y sin
excusas, hasta mañana, Señor. ” Cuando colgó el teléfono quedé perplejo,
malviajado. ¿Cómo chingada madre pudo oír la conversación? Ese puto gordo es
brujo o qué pedo, nos tiene vigilados, tiene cámaras o micrófonos en el cuarto.
No fue hasta que el efecto de la mota pasó que me di cuenta de que no había
bloqueado mi celular que se encontraba en mi bolsillo, se marcó el número del
jefe que estaba en la sección de marcado rápido. Oyó todo, por suerte no pudo
distinguir la voz de Liliana. Obviamente al día siguiente fui despedido.
Liliana me sugirió trabajar como
dealer en la FES Acatlán, ella estudiaba Filosofía y conocía a mucha banda
dispuesta a comprar. Yo, sin trabajo y con deudas que pagar, acepté con miedo
por supuesto. Realmente desde mi punto de vista no estaba cometiendo ningún
delito, no es como venderle drogas a niños, o como que la mariguana fuera una
sustancia mortal que pueda cobrar vidas, sólo vendía un producto menos dañino
que el alcohol a un puñado de adultos, que están instruidos y tienen libre
elección sobre su cuerpo, utilicé mi libre albedrio, realmente no soy un puto
criminal, el gobierno lo penaliza, es una ley estúpida, no voy a ser parte de
esa ley hipócrita y que a mí juicio está mal, me atengo a las consecuencias de
su estupidez, peleen y criminalicen el peor de todos los males, regocíjense en
sus asquerosos mares de sangre, porten con vergüenza su bandera de justicia. Yo
no soy parte de ustedes.
Las ventas empezaron, eran buenas,
ganaba lo mismo que en mi anterior trabajo y por menos tiempo, decidí conservar
ese empleo, por la mera pasión de seguir aprendiendo, poder visitar la
biblioteca, tener esas pláticas existencialistas con mis consumidores, era el
ambiente que estaba buscando, pronto pude hacer el examen y comenzar
formalmente mis estudios en Filosofía en la FES, no lo hacía por la necesidad
de un empleo bien remunerado o por el prestigio como lo hace la mayoría, mis
anhelos están más allá, la pura lujuria del saber. Al parecer mis actos
“criminales” me dieron lo que el puto gobierno no puede ofrecer: “verdadera
educación pública y gratuita” el tener que pagar 100 pesos semanales de pasajes
más comidas, renta, luz, etc. limita la posibilidad de una verdadera educación gratuita.
Esa noche no debí ir, algo en mí
sabía que las cosas no iban a marchar bien, nunca confié en ese hipócrita,
además, ¿citarme en su casa, y de noche? Claro, la paga era buenísima, eran las
ganancias de tres meses en un putazo y estaba a unas cuantas cuadras de mi piso.
Pero también era muy arriesgado, la mochila estaba repleta. Yo sabía que él no
era realmente de confianza, nunca había fumado con él, él sólo me había
comprado dos veces anteriormente y raciones muy pequeñas, personales. Pero el negocio
se oía tan tentador y jugoso.
Al llegar ahí lo que temía pasó,
una puta redada, sólo estaba ese policía, ese policía que había asesinado a un
inocente hace unas cuantas semanas al confundirlo con un alto capo, no había
sido procesado por su error, la prensa le lavó las manos pasándolo como un daño
colateral en la lucha contra el narcotráfico. Fue todo un bombazo mediático.
¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí? –
me preguntó con arrogancia, me basculeó y encontró el cargamento, con eso me
darían un buen tiempo tras las rejas, estaba jodido.
“Bueno, hijo- continuó en tono
burlón, mientras me tiraba para esposarme y apuntarme intimidatoriamente con su
arma.- ya que estás jodido, deja que te cuente ¿Sí?, este cargamento estuvo
totalmente arreglado, ya te esperaba. Como supongo que escuchaste hace un par
de semanas me cargué a un insolente estudiante como tú. Sí, lo admito, fue mi
culpa, pero estaban a punto de joderme si no entregábamos a un “capo” pronto,
todo el teatrito de la policía se iba a caer, los grandes contratos con el
narco estaban amenazados, pues qué hacer. Encontrar a un traficante pendejo
como ustedes: sin poder, solos y entregarlo haciéndolo pasar como el gran
sicario desalmado jefe de cártel. No tienen posibilidad los pendejos como tú,
no tienen protección, ni siquiera tienen armas. Es puto pan comido, ahora te
entrego, no tienes para un puto abogado, y aunque lo tuvieras, toda esta puta
droga no va a desaparecer solita, y deja que te diga, es bastante. Mi
reputación se purifica, y todos ganamos. Ah, excepto tú por supuesto. Es más,
incluso ahorita mismo podría dispararte en la puta cabeza, no hay nada que me
lo impida, la vez pasada lo hice para sentir el poder de matar, te entregaría
como cadáver pero con toda esa droga seguro te toman por sicario, solamente
tendría que colocarte una pistola como ésta que cargo justo aquí y dispararme
yo mismo en el brazo o la pierna, eso me exhortaría del grado de puto
delincuente y me llevaría directito al salón de la fama de la lucha antinarco,
incluso podría pedir mi jubilación una buena pensión por baja y vivir como
héroe y rey por el resto de mi vida ” En ese momento mi vista se nubló,
perdí la escucha, lo poco que podía oír
era tan lejano, ajeno como en una pesadilla, sólo sentía su risa diabólica,
mientras pensaba: este culero no bromea, me va a matar, es un puto asesino,
sólo se despejó cuando oí un balazo, el lunático se había disparado en el
hombro, me sujetó de la cabeza mientras aún yacía sobre mí para que me
percatara de que él había tomado una decisión, me asesinaría sin el menor
remordimiento. Me bloqueé por completo mientras reconfiguraba la aleatoria
sucesión de acontecimientos que me habían llevado hasta mi inevitable final.
Escuché su voz. Era Liliana quien me
escoltaba. En el momento en que el policía me tiró para esposarme el
automarcado de mi celular desbloqueado me salvó la puta vida, Liliana escuchó
el monólogo del policía mientras se apresuraba a alcanzarme en el lugar que
supuso se llevaba la emboscada.
“¡Déjalo ir grandísimo pedazo de mierda, él no
es para ti!” Se rehusó a liberarme, por lo que recibió la infalible explosión
de una 9 mm en su estúpida cara de policía. Por inercia su mano jaló el gatillo
del arma que apuntaba a mis idealistas sesos.
La pistola del policía se encasquilló. Me
levanté todavía con miedo mientras nos apresurábamos a huir y le pregunté
histéricamente a Liliana: -¿de dónde verga sacaste esa pistola?- Ella sólo me respondió con una sonrisa traviesa.
lunes, 11 de junio de 2012
GENERACIÓN Y
Empaquetado. Recluido a tu
prisión de mentiras. Yo que nunca llego tarde a la hora del antibiótico, yo que
me veo desmoralizado por el diario discurrir de la vida, por el tropezado sinsabor de los colores diarios. Las
tonalidades grisáceas de la oficina me recuerdan lo barato de la vida hace tres
generaciones. Las tonalidades grisáceas del amor me recuerdan todas esas
megalomanías que llamamos virilidad. Y los verdugos que planchan sus trajes de
gala, los que únicamente te cortan los miembros y te dejan con la apariencia de
una pildorita neuroléptica. Te compran con su cínica libertad de expresión y
funerales públicos. Nacimos en el año de la tierra infértil, donde los
espectros resguardan todo el pasto seco y amamantan a sus sádicos retoños. Aquí, donde todos los fuegos,
una vez despedazados, se extinguieron
para dar paso a la apatía generalizada, a las tristezas compartidas. Las clases
de historia remplazadas por manuales sobre nudos Windsor. Verás a todos esos intelectuales
cavando en lo más profundo de sus mentiras, buceando en el conformismo,
rasgando maniáticamente las puertas del salón de la fama, hasta que todos
nuestros hímenes yazcan en sus estatuas; ese mismo día, cuando el arte deje de
ser un pasatiempo y se convierta en armamento. Nuestra esencia no se creará ni
se destruirá, se transformará; se enreda en una cara triste, en un racimo de
sueños difuminados. Es prostituida y degollada por un puñado de monedas y una
opinión. Nacimos de las cenizas de una bella semilla. Hambrientos del derecho a una condena de
libertad. A inventar nuestras propias cadenas perpetuas y pactar como infantes.
A dejar nuestras ridículas jaulitas y reencontrarnos con versiones más
primitivas de nosotros mismos, aquellas en las que el amor no era un juicio
estético, cuando sólo era el núcleo de toda objetivación y la retroalimentación
de toda acción. Sí ellos fueran como nosotros estarían acabados e
hipocondriacos para estos momentos. Nosotros celebramos nuestras elegías y
danzamos orgiásticamente en nuestros epitafios, mientras estamos hipnotizados
por esa inminente lluvia de balas, por el factor que nos haga empezar de nuevo,
mientras las más humildes intensiones permanecen asfixiándose en ese
caricaturesco saco café claro con un signo de $ en verde que se llama triunfo. El
sentimiento sintético de que las palabras en un manifiesto empresarial te
acechan, te van persiguiendo como crueles hormigas a la carroña, escapar de sus
tenebrosos colmillos y sus exasperantes formas de distribución y alienación, eres
parte y te encuentras vagando en sus sucias mentes, procurando la exclusiva
militancia de tus acciones, para reconstituirte, con las ranuras para enjuiciar
vacías.
martes, 5 de junio de 2012
SOBRE LA REPRODUCCIÓN ASEXUAL HUMANA
Antes de comenzar con este
complejo tema hay que aclarar el error más común en el estudio de la reproducción
“asexual” humana; No es una reproducción asexual como tal, más bien, es un tipo
de reproducción en el que no interviene el coito o el denominado “hacer el amor”. Sin embargo están implicados los órganos
reproductores masculinos y femeninos, digamos que el término asexual se recoge
por mera costumbre (para no romper con el paradigma y diferenciarla fácilmente de
la reproducción sexual común se seguirá estudiando bajo este concepto en temas
posteriores). Este tipo de reproducción
es bastante similar a la reproducción sexual vegetal, es indispensable para la
gestación de la ayuda de la garrapata Penis Foramen coloquialmente conocida como garrapata romántica.
La Penis Foramen es el insecto
que se encarga de polinizar a la mujer, es muy similar al proceso que hemos
estudiado minuciosamente en temas anteriores sobre la reproducción de las
plantas: las abejas y abejorros buscan
las flores más bellas, vuelan de planta en planta ingiriendo el dulce néctar de
las flores y transportando, sin notarlo, el polen hacia otras plantas y de este
modo ocurre la polinización.
La garrapata Penis Foramen, encuentra su principal fuente de alimento y de reproducción
en el esmegma masculino, digamos que aquí es donde entra en juego la llamada
selección sexual: la Penis Foramen se siente atraída hacia el esmegma más
agridulce y potente, las feromonas tienen un papel importante, el esmegma con
el hedor más fuerte es el que atraerá con mayor eficacia a estos pequeñines.
Una vez que la Penis Foramen satisfizo
su hambre buscará un buen sitio para desovar, si la uretra es cómoda, acogedora
y tibia; la garrapatita se encaminará
hacia adentro, donde, al encontrarse tranquila procederá a su primera metamorfosis
e hibernación. La garrapata Penis Foramen se adherirá a la pared de la uretra
creciendo de longitud hasta 15 veces su tamaño durante ese tiempo (véase fig.
2.5 anexos) , se aferrará con fuerza de sus 14 aguijones y comenzará su vida
dentro de ese canal por los próximos 2 meses, alimentándose de orina, sangre y
semen. Dichos fluidos se mantendrán a temperatura corporal dentro de la Penis
Foramen.
Tras dos meses de vida
parasitaria y de haber alcanzado su tamaño mayor la garrapata evacuará
sigilosamente la uretra dando comienzo a la dolorosa recuperación masculina, se
recomienda el uso de catéter con antibiótico para apresurar el proceso.
Aquí es donde comienza la segunda
fase de la reproducción “asexual” humana, la garrapata volará con sus recién
adquiridas alas (fig. 2.6 y 2.7) hacia su próximo destino: la vagina. En este
proceso, al igual que en los hombres, interviene la selección sexual, la mujer
con el PH vaginal más neutro ganará la atención de la Penis Foramen, quien
reptará hasta el interior gracias a la rígida coraza que desarrolló durante su
previa hibernación y dieta balanceada.
Una vez dentro de la vagina la
garrapata hará su camino hasta uno de los óvulos dispuestos, una de las
principales características de la Penis Foramen es su capacidad de vida dentro
de la matriz, pudiendo extenderse hasta por 4 años tiempo que suele tomar en encontrar el
óvulo adecuado para su propósito.
Una vez que ha encontrado un óvulo lo
suficientemente carnoso, lo tragará. Y su pequeño aguijón interior inyectará en
él, el “fluido vital” que almacenó
durante su estancia en la uretra masculina:
esa mezcla de micción, sangre y semen, es aquí donde se da la singamia o
fecundación, y comienza la segunda hibernación de nuestra garrapata romántica.
La garrapata pasa por un estado sésil,
formando una poderosa capa proteínica que la cubre por completo, muy similar a
un capullo de mariposa, salvo por el pico en forma de gancho filoso que queda
afuera y sirve para insertarse en la carne del utero y procurar nutrientes para
el cigoto y sus propias crías.
Durante el tercer mes de
gestación el capullo se torna en un pupario similar al de las moscas
muscomorfas, con la apariencia y la rigidez de un exoesqueleto (fig. 2.8),
mientras, el cigoto humano continua su desarrollo normal. El cordón umbilical comienza
a desarrollarse dentro del pico de la Penis Foramen y se conecta a la madre, de
éste modo el feto adquiere los nutrientes directamente de ésta, dando su primer
paso de independencia de la Penis Foramen.
Es en este momento donde se
inicia la relación simbiótica entre la garrapata romántica y el feto. La
garrapata desova millones de huevecillos en la piel del feto. El feto sirve
como superficie de incubación para los huevecillos durante un mes, hasta que
sólo unos miles de ellos logran abrirse dando lugar a pequeñas larvas que se
adhieren a la piel del cigoto succionándola para conseguir nutrientes.
Si la madre del bebé se encuentra
sana y en una dieta estricta de ácido
fólico, el bebé podrá sobrevivir a la acción parasitaria de las larvas sin
mayor problema.
Durante el sexto mes de embarazo,
el capullo se abre y la garrapata Penis Foramen perece al romperse su piel por
el crecimiento del feto en esos meses, si las larvas tuvieron una buena
nutrición estarán convertidas en pequeños mosquitos, fase anterior a
convertirse en garrapatas adultas, la mujer expulsará durante el sexto ó
séptimo mes de embarazo el cadáver de la garrapata, residuos del exoesqueleto y
la “brisa de la vida”.
La brisa de la vida es uno de los espectáculos más hermosos del
proceso de gestación, miles de pequeños mosquitos de garrapata multicolores son
expulsados de la vagina mediante una sonora flatulencia creando un efecto
similar a un arcoíris y con un exquisito olor a placenta: El milagro de la
vida.
Durante los próximos 2 ó 3 meses,
el feto continúa con el proceso de desarrollo normal, tal como en la
reproducción sexual común que se ha
estudiado en temas anteriores.
miércoles, 2 de mayo de 2012
LA TRADICIÓN
Recibía un masaje de pies, alcoholizado,
retozaba boca arriba en una cama, con mi mano derecha daba vueltas a mi
sombrero negro de copa, qué deleite de momento, fastuoso, el ambiente se
completaba con la compañía de los Luciérnagos, Naye estaba a cargo del
peculiar masaje relajante. Escuchábamos algo de música, me parece que era Bach,
el día claro, brillante, mostraba las cuatro paredes del cuarto más definidas de
lo normal. —¿Fumamos “la chingadera”? —Preguntó el Luciérnago, a lo que todos
asentimos. Del hitter brotó el rasposo humo, mis bronquios se hincharon, los
sentía habitando en la parte alta de mi pecho, luego todo se enrarecía. Era ya
el tercer día consecutivo de estar bebiendo, reíamos al borde de entrar en una agobiante
cruda, acompañada claro de pesadillas y depresión, horas después estaríamos en
nuestros cuartos ya solos, con pensamientos y voces endemoniadas; con calor, frío, noche de sudor y sábanas pesadas. Llegó la hora de la triste despedida,
abrocharse los zapatos, ponerse la chamarra y bajar las escaleras; qué difícil
resultaba pensar en hacer todo eso, debía de pasar, pero el sólo pensar en
pararse y terminar con aquella tarde primorosa resultaba un tanto doloroso. Sal
de la casa, sube a tu auto, maneja, pon atención en no atropellar a nadie,
estaciona el carro, saca las llaves, abre la puerta, sube a tu cuarto y
desplómate sobre la cama. Unas 6 horas después soñaba que bebía una deliciosa
naranjada con agua mineral, desperté deshidratado, fui por una jarrita de agua
y me recosté tratando de poder dormir. Como de costumbre me resultó imposible, empecé
a recordar a mi ex novia, culpándome por los momentos malos; ahora ya sin el
sedante de la cerveza mis tumores del pecho me comenzaron a doler, como si me
encajaran una aguja en una roncha. Por esos días, todo me irritaba, mis
tumores, las chispas de agua fría que salpica la regadera sobre los pies, el
tráfico, la gente religiosa, las campañas políticas, ver cagar a un perro, las
telenovelas, encontrar algún objeto de mi ex, que se me cayera una salchicha de
mi torta. Los tumores que llevaba sobre
mi pecho aparecían repentinamente, de una pequeña ronchita, crecían enrojecidas
hasta tener el tamaño de una pupa, de una crisálida carmín. Comezón, dolor,
siempre acompañaban mis pasos, como era de esperarse, dicha circunstancia sólo me
alejaba más de la gente, cada que alguien me abrazaba el dolor me invadía y
cuando me llegaba a golpear accidentalmente con algo, era tan agudo el sufrimiento
que caía en soñolencia por varias horas. Me comparaba siempre con la gente miserable,
con la que no tenía para comer o con algún discapacitado, cierto era que mi
problema no era tan grave, pero aún así, todos los días de mi vida estaban
acompañados de esa suspendida molestia. La semana pasaba relativamente rápido,
el jueves ya era día de comenzar a beber; la tradición nos reunía de nuevo, los
Luciérnagos, Naye, música, cerveza, olvido del deber, remembranza de buenos
momentos. En aquellos días temblaba muy seguido, parecía que la pangea amenazaba
con formarse de nuevo; nuestra explicación del mundo se confinaba a la
pasividad, adiós a la historia, adiós al humano, halo de estereotipos y
productos tapaban nuestra estática vida. “La filosofía de la inmediatez” me
decía siempre el Luciérnago, tenía razón, es lo que hacíamos, por lo único que
luchábamos, nuestra búsqueda por la dopamina nos unía, nos devolvía lo que las
imágenes nos habían quitado. También por aquellos días a
mis tumores les comenzó a salir pelo, largos y gruesos cabellos negros les
brotaban de repente, algunos, torcidos crecían enterrándose en el propio tumor,
con grandes pesares les mostraba el camino que debían de seguir, los
desenterraba y el pelo seguía creciendo ya fuera de la piel, realmente lucían
como nidos de insecto, a veces me daba temor que estando en un autobús a la
hora pico comenzaran a brotar insectos de los tumores, arañas o yo que sé, y la
gente me mirara aterrada, me señalara mientras yo trataba de quitarme una
marabunta de encima. Cada vez, las noticias me resultaban más estúpidas, que si
un perro había orinado al presidente de un país lejano, que si un camión lleno
de pasajeros se había desbarrancado al norte de Asia. Ya nada parecía real, la
insensibilidad anegaba mi mente, hasta a veces me daban risa las imágenes de
narcotraficantes destazados, la hilaridad hurtaba el lugar que antes le
pertenecía al horror. Llegó el jueves como un charco de paz, calurosos saludos
me recibían, heladas cervezas me inundaban, Naye y los Luciérnagos, ahí,
conmigo. —¿Vieron la noticia sobre el
camión que de desbarrancó en no sé dónde? —pregunté. —No, pero ¡qué pendejos! —me respondió el Luciérnago, y tenía razón, se habían muerto los muy pendejos
y nosotros estábamos ahí, vivos, bien. Luego de unas horas, mi amigo sacó “la
chingadera”, pero esa era según él, una “chingadera especial” directa desde los
países bajos, la porquería olía a frambuesa; el paquete era similar a una
envoltura de condones, y no tardamos en fumarla toda. Para mi sorpresa me cayó
mal la fumada, el efecto aumentaba cada vez más, decidí sentarme y pensar algo
bonito, que me tranquilizara, en praderas, estrellas, pero nada me quitaba esa
angustia. No le dije nada a mis amigos sobre mi malestar, hubiera sido
vergonzoso, ya tan viejo y ponerme como adolescente en su primera fumada. Para
colmo, mis tumores me empezaron a picar, una ola de comezón me invadió, me paré
al baño, cerré la puerta y me quité mi playera con dibujos de Radiohead. Un
rostro perdido me escupía el espejo, mis tumores peludos estaban hinchados y
rojos, un poco de sangre brotaba de tanto que me había rascado. Ya no me
importaba el dolor, seguía rascando, rascando mientras pensaba en mi ex-novia,
y en la ansiedad que no se iba. Era tanta ya la sangre que lucía como una de
esas pésimas representaciones de cristo. La comezón se agudizó, me rascaba ya con
un cepillo para cabello, pedacitos de piel se atoraban en las cerdas. Y de
repente —¡Mierda, mierda! —grité. Un pedazo de caparazón se asomaba por un
tumor, me acerqué al espejo para ver mejor, y sí, era un jodido caparazón, me
rasqué más y más, seis patitas se asomaban ya por el hondo agujero que me había
hecho, y al ya no tener más piel que le estorbara voló, el insecto voló para
posarse en la pared. Mis amigos tocaron la puerta, alarmados por mi grito. —¿Estás bien Cahuamo? A lo que respondí: —No. De los demás tumores
empezaron a salir más insectos, luchaban rasgando la fibrosa piel que los
retenía; llanto y gritos saturaban el baño, abrí la puerta y mis amigos me
señalaron, corrieron. Rendido sobre el suelo, envuelto en un sordo sopor,
miraba a los insectos salir de mi pecho, volar y posarse en una de las cuatro
amarillentas paredes.
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