lunes, 11 de junio de 2012

GENERACIÓN Y


Empaquetado. Recluido a tu prisión de mentiras. Yo que nunca llego tarde a la hora del antibiótico, yo que me veo desmoralizado por el diario discurrir de la vida, por el tropezado  sinsabor de los colores diarios. Las tonalidades grisáceas de la oficina me recuerdan lo barato de la vida hace tres generaciones. Las tonalidades grisáceas del amor me recuerdan todas esas megalomanías que llamamos virilidad. Y los verdugos que planchan sus trajes de gala, los que únicamente te cortan los miembros y te dejan con la apariencia de una pildorita neuroléptica. Te compran con su cínica libertad de expresión y funerales públicos. Nacimos en el año de la tierra infértil, donde los espectros resguardan todo el pasto seco y amamantan a sus  sádicos retoños. Aquí, donde todos los fuegos, una vez despedazados,  se extinguieron para dar paso a la apatía generalizada, a las tristezas compartidas. Las clases de historia remplazadas por manuales sobre nudos Windsor. Verás a todos esos intelectuales cavando en lo más profundo de sus mentiras, buceando en el conformismo, rasgando maniáticamente las puertas del salón de la fama, hasta que todos nuestros hímenes yazcan en sus estatuas; ese mismo día, cuando el arte deje de ser un pasatiempo y se convierta en armamento. Nuestra esencia no se creará ni se destruirá, se transformará; se enreda en una cara triste, en un racimo de sueños difuminados. Es prostituida y degollada por un puñado de monedas y una opinión. Nacimos de las cenizas de una bella semilla.  Hambrientos del derecho a una condena de libertad. A inventar nuestras propias cadenas perpetuas y pactar como infantes. A dejar nuestras ridículas jaulitas y reencontrarnos con versiones más primitivas de nosotros mismos, aquellas en las que el amor no era un juicio estético, cuando sólo era el núcleo de toda objetivación y la retroalimentación de toda acción. Sí ellos fueran como nosotros estarían acabados e hipocondriacos para estos momentos. Nosotros celebramos nuestras elegías y danzamos orgiásticamente en nuestros epitafios, mientras estamos hipnotizados por esa inminente lluvia de balas, por el factor que nos haga empezar de nuevo, mientras las más humildes intensiones permanecen asfixiándose en ese caricaturesco saco café claro con un signo de $ en verde que se llama triunfo. El sentimiento sintético de que las palabras en un manifiesto empresarial te acechan, te van persiguiendo como crueles hormigas a la carroña, escapar de sus tenebrosos colmillos y sus exasperantes formas de distribución y alienación, eres parte y te encuentras vagando en sus sucias mentes, procurando la exclusiva militancia de tus acciones, para reconstituirte, con las ranuras para enjuiciar vacías.

martes, 5 de junio de 2012

SOBRE LA REPRODUCCIÓN ASEXUAL HUMANA


Antes de comenzar con este complejo tema hay que aclarar el error más común en el estudio de la reproducción “asexual” humana; No es una reproducción asexual como tal, más bien, es un tipo de reproducción en el que no interviene el coito o el denominado “hacer el amor”.  Sin embargo están implicados los órganos reproductores masculinos y femeninos, digamos que el término asexual se recoge por mera costumbre (para no romper con el paradigma y diferenciarla fácilmente de la reproducción sexual común se seguirá estudiando bajo este concepto en temas posteriores).  Este tipo de reproducción es bastante similar a la reproducción sexual vegetal, es indispensable para la gestación de la ayuda de la garrapata Penis Foramen coloquialmente conocida como garrapata romántica.
La Penis Foramen  es el insecto que se encarga de polinizar a la mujer, es muy similar al proceso que hemos estudiado minuciosamente en temas anteriores sobre la reproducción de las plantas:  las abejas y abejorros buscan las flores más bellas, vuelan de planta en planta ingiriendo el dulce néctar de las flores y transportando, sin notarlo, el polen hacia otras plantas y de este modo ocurre la polinización.
La garrapata Penis Foramen, encuentra su principal fuente de alimento y de reproducción en el esmegma masculino, digamos que aquí es donde entra en juego la llamada selección sexual: la Penis Foramen se siente atraída hacia el esmegma más agridulce y potente, las feromonas tienen un papel importante, el esmegma con el hedor más fuerte es el que atraerá con mayor eficacia a estos pequeñines.
Una vez que la Penis Foramen satisfizo su hambre buscará un buen sitio para desovar, si la uretra es cómoda, acogedora  y tibia; la garrapatita se encaminará hacia adentro, donde, al encontrarse tranquila procederá a su primera metamorfosis e hibernación. La garrapata Penis Foramen se adherirá a la pared de la uretra creciendo de longitud hasta 15 veces su tamaño durante ese tiempo (véase fig. 2.5 anexos) , se aferrará con fuerza de sus 14 aguijones y comenzará su vida dentro de ese canal por los próximos 2 meses, alimentándose de orina, sangre y semen. Dichos fluidos se mantendrán a temperatura corporal dentro de la Penis Foramen.
Tras dos meses de vida parasitaria y de haber alcanzado su tamaño mayor la garrapata evacuará sigilosamente la uretra dando comienzo a la dolorosa recuperación masculina, se recomienda el uso de catéter con antibiótico para apresurar el proceso.
Aquí es donde comienza la segunda fase de la reproducción “asexual” humana, la garrapata volará con sus recién adquiridas alas (fig. 2.6 y 2.7) hacia su próximo destino: la vagina. En este proceso, al igual que en los hombres, interviene la selección sexual, la mujer con el PH vaginal más neutro ganará la atención de la Penis Foramen, quien reptará hasta el interior gracias a la rígida coraza que desarrolló durante su previa hibernación y dieta balanceada.
Una vez dentro de la vagina la garrapata hará su camino hasta uno de los óvulos dispuestos, una de las principales características de la Penis Foramen es su capacidad de vida dentro de la matriz, pudiendo extenderse hasta por  4 años tiempo que suele tomar en encontrar el óvulo adecuado para su propósito.
   Una vez que ha encontrado un óvulo lo suficientemente carnoso, lo tragará. Y su pequeño aguijón interior inyectará en él, el “fluido vital” que almacenó durante su estancia en la uretra masculina: esa mezcla de micción, sangre y semen, es aquí donde se da la singamia o fecundación, y comienza la segunda hibernación de nuestra garrapata romántica.
La garrapata pasa por un estado sésil, formando una poderosa capa proteínica que la cubre por completo, muy similar a un capullo de mariposa, salvo por el pico en forma de gancho filoso que queda afuera y sirve para insertarse en la carne del utero y procurar nutrientes para el cigoto y sus propias crías.
Durante el tercer mes de gestación el capullo se torna en un pupario similar al de las moscas muscomorfas, con la apariencia y la rigidez de un exoesqueleto (fig. 2.8), mientras, el cigoto humano continua su desarrollo normal. El cordón umbilical comienza a desarrollarse dentro del pico de la Penis Foramen y se conecta a la madre, de éste modo el feto adquiere los nutrientes directamente de ésta, dando su primer paso de independencia de la Penis Foramen.
Es en este momento donde se inicia la relación simbiótica entre la garrapata romántica y el feto. La garrapata desova millones de huevecillos en la piel del feto. El feto sirve como superficie de incubación para los huevecillos durante un mes, hasta que sólo unos miles de ellos logran abrirse dando lugar a pequeñas larvas que se adhieren a la piel del cigoto succionándola para conseguir nutrientes.
Si la madre del bebé se encuentra sana y en una dieta estricta  de ácido fólico, el bebé podrá sobrevivir a la acción parasitaria de las larvas sin mayor problema.
Durante el sexto mes de embarazo, el capullo se abre y la garrapata Penis Foramen perece al romperse su piel por el crecimiento del feto en esos meses, si las larvas tuvieron una buena nutrición estarán convertidas en pequeños mosquitos, fase anterior a convertirse en garrapatas adultas, la mujer expulsará durante el sexto ó séptimo mes de embarazo el cadáver de la garrapata, residuos del exoesqueleto y la “brisa de la vida”.
La brisa de la vida es uno de los espectáculos más hermosos del proceso de gestación, miles de pequeños mosquitos de garrapata multicolores son expulsados de la vagina mediante una sonora flatulencia creando un efecto similar a un arcoíris y con un exquisito olor a placenta: El milagro de la vida.
Durante los próximos 2 ó 3 meses, el feto continúa con el proceso de desarrollo normal, tal como en la reproducción sexual  común que se ha estudiado en temas anteriores.

miércoles, 2 de mayo de 2012

LA TRADICIÓN


Recibía un masaje de pies, alcoholizado, retozaba boca arriba en una cama, con mi mano derecha daba vueltas a mi sombrero negro de copa, qué deleite de momento, fastuoso, el ambiente se completaba con la compañía de los Luciérnagos, Naye estaba a cargo del peculiar masaje relajante. Escuchábamos algo de música, me parece que era Bach, el día claro, brillante, mostraba las cuatro paredes del cuarto más definidas de lo normal. ¿Fumamos “la chingadera”? —Preguntó el Luciérnago, a lo que todos asentimos. Del hitter brotó el rasposo humo, mis bronquios se hincharon, los sentía habitando en la parte alta de mi pecho, luego todo se enrarecía. Era ya el tercer día consecutivo de estar bebiendo, reíamos al borde de entrar en una agobiante cruda, acompañada claro de pesadillas y depresión, horas después estaríamos en nuestros cuartos ya solos, con pensamientos y voces endemoniadas; con calor, frío, noche de sudor y sábanas pesadas. Llegó la hora de la triste despedida, abrocharse los zapatos, ponerse la chamarra y bajar las escaleras; qué difícil resultaba pensar en hacer todo eso, debía de pasar, pero el sólo pensar en pararse y terminar con aquella tarde primorosa resultaba un tanto doloroso. Sal de la casa, sube a tu auto, maneja, pon atención en no atropellar a nadie, estaciona el carro, saca las llaves, abre la puerta, sube a tu cuarto y desplómate sobre la cama. Unas 6 horas después soñaba que bebía una deliciosa naranjada con agua mineral, desperté deshidratado, fui por una jarrita de agua y me recosté tratando de poder dormir. Como de costumbre me resultó imposible, empecé a recordar a mi ex novia, culpándome por los momentos malos; ahora ya sin el sedante de la cerveza mis tumores del pecho me comenzaron a doler, como si me encajaran una aguja en una roncha. Por esos días, todo me irritaba, mis tumores, las chispas de agua fría que salpica la regadera sobre los pies, el tráfico, la gente religiosa, las campañas políticas, ver cagar a un perro, las telenovelas, encontrar algún objeto de mi ex, que se me cayera una salchicha de mi torta.  Los tumores que llevaba sobre mi pecho aparecían repentinamente, de una pequeña ronchita, crecían enrojecidas hasta tener el tamaño de una pupa, de una crisálida carmín. Comezón, dolor, siempre acompañaban mis pasos, como era de esperarse, dicha circunstancia sólo me alejaba más de la gente, cada que alguien me abrazaba el dolor me invadía y cuando me llegaba a golpear accidentalmente con algo, era tan agudo el sufrimiento que caía en soñolencia por varias horas. Me comparaba siempre con la gente miserable, con la que no tenía para comer o con algún discapacitado, cierto era que mi problema no era tan grave, pero aún así, todos los días de mi vida estaban acompañados de esa suspendida molestia. La semana pasaba relativamente rápido, el jueves ya era día de comenzar a beber; la tradición nos reunía de nuevo, los Luciérnagos, Naye, música, cerveza, olvido del deber, remembranza de buenos momentos. En aquellos días temblaba muy seguido, parecía que la pangea amenazaba con formarse de nuevo; nuestra explicación del mundo se confinaba a la pasividad, adiós a la historia, adiós al humano, halo de estereotipos y productos tapaban nuestra estática vida. “La filosofía de la inmediatez” me decía siempre el Luciérnago, tenía razón, es lo que hacíamos, por lo único que luchábamos, nuestra búsqueda por la dopamina nos unía, nos devolvía lo que las imágenes nos habían quitado. También por aquellos días a mis tumores les comenzó a salir pelo, largos y gruesos cabellos negros les brotaban de repente, algunos, torcidos crecían enterrándose en el propio tumor, con grandes pesares les mostraba el camino que debían de seguir, los desenterraba y el pelo seguía creciendo ya fuera de la piel, realmente lucían como nidos de insecto, a veces me daba temor que estando en un autobús a la hora pico comenzaran a brotar insectos de los tumores, arañas o yo que sé, y la gente me mirara aterrada, me señalara mientras yo trataba de quitarme una marabunta de encima. Cada vez, las noticias me resultaban más estúpidas, que si un perro había orinado al presidente de un país lejano, que si un camión lleno de pasajeros se había desbarrancado al norte de Asia. Ya nada parecía real, la insensibilidad anegaba mi mente, hasta a veces me daban risa las imágenes de narcotraficantes destazados, la hilaridad hurtaba el lugar que antes le pertenecía al horror. Llegó el jueves como un charco de paz, calurosos saludos me recibían, heladas cervezas me inundaban, Naye y los Luciérnagos, ahí, conmigo.  ¿Vieron la noticia sobre el camión que de desbarrancó en no sé dónde?  pregunté. No, pero ¡qué pendejos! me respondió el Luciérnago, y tenía razón, se habían muerto los muy pendejos y nosotros estábamos ahí, vivos, bien. Luego de unas horas, mi amigo sacó “la chingadera”, pero esa era según él, una “chingadera especial” directa desde los países bajos, la porquería olía a frambuesa; el paquete era similar a una envoltura de condones, y no tardamos en fumarla toda. Para mi sorpresa me cayó mal la fumada, el efecto aumentaba cada vez más, decidí sentarme y pensar algo bonito, que me tranquilizara, en praderas, estrellas, pero nada me quitaba esa angustia. No le dije nada a mis amigos sobre mi malestar, hubiera sido vergonzoso, ya tan viejo y ponerme como adolescente en su primera fumada. Para colmo, mis tumores me empezaron a picar, una ola de comezón me invadió, me paré al baño, cerré la puerta y me quité mi playera con dibujos de Radiohead. Un rostro perdido me escupía el espejo, mis tumores peludos estaban hinchados y rojos, un poco de sangre brotaba de tanto que me había rascado. Ya no me importaba el dolor, seguía rascando, rascando mientras pensaba en mi ex-novia, y en la ansiedad que no se iba. Era tanta ya la sangre que lucía como una de esas pésimas representaciones de cristo. La comezón se agudizó, me rascaba ya con un cepillo para cabello, pedacitos de piel se atoraban en las cerdas. Y de repente ¡Mierda, mierda! grité. Un pedazo de caparazón se asomaba por un tumor, me acerqué al espejo para ver mejor, y sí, era un jodido caparazón, me rasqué más y más, seis patitas se asomaban ya por el hondo agujero que me había hecho, y al ya no tener más piel que le estorbara voló, el insecto voló para posarse en la pared. Mis amigos tocaron la puerta, alarmados por mi grito. ¿Estás bien Cahuamo? A lo que respondí: No. De los demás tumores empezaron a salir más insectos, luchaban rasgando la fibrosa piel que los retenía; llanto y gritos saturaban el baño, abrí la puerta y mis amigos me señalaron, corrieron. Rendido sobre el suelo, envuelto en un sordo sopor, miraba a los insectos salir de mi pecho, volar y posarse en una de las cuatro amarillentas paredes.

miércoles, 25 de abril de 2012

ARTE MODERNO


Simplemente despiertas de esas minuciosas introspecciones con un fuerte gusto a vómito, el cabello enmarañado y la consciencia desconcertada y asustada durante unos cinco segundos hasta que el collage mental encaja todas las situaciones anteriores que te hicieron terminar en ese asiento trasero de un pequeño taxi de base.
-Joven. ¿Usted sabe cómo sería la mujer perfecta?
-Mmm. No tengo idea. ¿Cómo?
-Con la cabeza plana para poder poner ahí la chela mientras te la chupa. 
Hago un pequeño gesto de gracia mientras se me escapa un “Ja” tan falso como yo puedo serlo en ese momento, la verdad me siento un tanto irritado con la barata comedia machista del conductor, siempre me he sentido tan falso al entablar una obligada conversación con el chofer, prefiero tomar esos minutos para meditar o procurar dejar la mente en blanco y tener un poco de paz. Llegamos al sitio de la cita, el taxímetro marca 47, le dejo uno de 50. Salgo del vehículo con esfuerzo, casi a rastras mientras jalo mi bajo para liberarlo de su prisión en el compacto asiento trasero del Volkswagen.
Echo un vistazo al sitio, parece un bar enorme, muy pretensioso y nauseabundo, con el valet parking retacado de autos lujosos, mujeres hermosas en vestidos provocativos entran de la mano de gorilones rubios en camisas entalladas y ridículas. Me siento un rato en la banqueta a disfrutar de un Delicado con filtro mientras me preparo para entrar. El humo que se escurre por mis fosas nasales me sumerge en mis cavilaciones una vez más: lo grotesco y caricaturesco que se ha vuelto el artista, necesita ser plástico para tener una oportunidad, hacer lo que todos piensan que harás, se acabó la sorpresa, la sinceridad murió, el artista sólo se vuelve un ente de respeto y fama cuando se muestra dispuesto a entrar en el juego, a estar en contacto con los medios masivos, no mucha política, nunca mencionar la palabra suicidio… yo los he visto a todos, corrompidos, zombies, vendiendo su ética, su cosmogonía al mejor postor, la empresa que te ofrece el salario de cinco cifras, la que tiene más comerciales de medicamentos milagrosos, la que difunde al candidato de ultraderecha como el nuevo Jesucristo. Piso la colilla y me dispongo a entrar.
-Tu identificación, no puedes entrar usando esa ropa. Estás sucio y pareces drogado.
-Soy de la puta banda, déjame pasar.
-¿De qué banda?¿Cómo te llamas?
-  De Banana Spleen, soy el Chicastuercas.
 - Pásale, tus amigos ya están armando el equipo, siguen ustedes.
Me siento increíblemente idiota tocando en éste sitio, no pertenezco aquí, estos estúpidos burgueses que vienen a pagar covers de 200 varos y cervezas chicas de 50, vergonzosamente pensándose rockeros para impresionar a esas suculentas mamacitas con 32 neuronas, escuchando esta mierda de música increíblemente adulterada y empaquetada, filtrada de cualquier mínimo indicio subversivo. Pero aquí me encuentro yo, revolcándome y tragando la misma porquería de la que me quejo,  cobrando esos cheques por tocar estas lindas cancioncitas verso-coro-verso, dando estos mensajes positivos a la gente, hablando de puto amor, apegado fielmente a la pentatónica y a compases  de 4/4, quizá variemos a 8/8 para sentirnos rudos. Soy parte de esto, doy entrevistas con mi mejor sonrisa a esos monitos de corbata, a aquellos que dejaron a un lado toda su poesía personal y sus camisetas del Che Guevara, los que sepultaron el sueño de alfabetizar Chiapas en su empleo de publicista político, Los que crucificaron al buen Charles Manson vendiéndolo como un homicida satánico y lunático sin juzgar ni cuestionar, los que despellejan viva su propia realidad por un Martini, hotel cinco estrellas y cocaína. Pero aquí estoy, hundiéndome en éstas inevitables y elaboradas arenas movedizas. Cuando el arte es hecha en conjunto y con el fin común de vender, la esencia primordial se pudre ignominiosamente, tienes que pensar por todos los participantes y por ese fantasma grotesco: “el consumidor”. Los caprichos personales se van desechados como berrinche de quinceañera, dotando al producto de una plasticidad total, aceptémoslo: esos pequeños caprichos son los que representan el espíritu del artista, los que dotan de vitalidad, estilo, esencia, humanidad, moralidad; los que te dan un recorrido por los anhelos, las neurosis y el inconsciente bellamente trastornado de ese bicho raro llamado artista. Pero no, en el consumismo no hay espacio para nada de eso, simplemente es su más pura y refinada antítesis. El bajo, debe de tomar su papel de bajo, adiós experimentación, adiós feedbacks, adiós solos, adiós desentonaciones, adiós a ese ejército de notas trasteadas y de slides chillantes, adiós a la opacidad que brindan los torpeza de los dedos, me despido del detuner, adiós al romance, bienvenida frialdad técnica. ¿estilo? Amasa  los estilos de todos esos dobles platinos y ¡voilá! Hay que pensar en el sonido del bajo como ese contundente ¡bom, bom, bom, bom! Que sonará en el buffer del Ferrari del hijo del senador, para él se dirige el “arte” moderno después de todo. Y cuando lo hagas voltea la cubierta de esos álbumes de Eno, Crimson y Can, no les rompas el corazón
El show comienza, abro el case de mi Ibáñez para darme cuenta que la cuarta cuerda está rota, salimos en 5 minutos, no tengo repuesto, aunque lo tuviera estoy tan mareado como para intentarlo.
Fui el camello, fui el camello condenado a sus estereotipos, todos se enojarán y me odiarán mientras disfruto el festín de sus reminiscentes horas de trabajo y práctica. Me elevo una vez más, con las alas todavía entumidas y la vista reacostumbrándose a la oscuridad;  me regocijo en sus orgías, hermanos. El sabor de la objetivación primitiva. Soy el bebé que nació libre del pecado original, estoy tan vivo; soy tan bello, dulce y único como la poesía de una prostituta. Lo rechazo todo. Matar, matar, matar para poder resucitar.
Hasta el punto en que la foto del ultrasonido paulatina y únicamente para tu propia vista se transforma en el champiñón atómico que te quema lentamente junto a toda la humanidad mientras las caras se derriten y las prendas en llamas se fusionan a los cuerpos burbujeantes.

martes, 10 de abril de 2012

ES COMO HACER EL AMOR

Escuchar Rock & Roll es como hacer el amor: tienes que concentrarte en cada instrumento. Vivirlo al máximo: bajo, guitarra, batería y voz … No hay más. Tienes que mimetizarte en ese tórax sudoroso y tierno que se restriega con juguetona involuntariedad contra el tuyo. Desvivirte en análisis geográficos,  manos desesperadas que se encargan de delimitar ese húmedo complejo de laberintos voluptuosos. Los sexos, presentándose tímidos, curiosos …altaneros, criminales, ociosos, violentos. Y esos labios …Pffff.  ¿Portales del alma? ¿eternidad cristalizada? ¿TUYYO? Los pinches  Labios …¿Hay alguna exagerada pretensión poética que los sitúe en su altar?  (escuchen rock & roll)

miércoles, 15 de febrero de 2012

TRILOGÍA DEL CORAZÓN ROTO


I

Se llamaba Paola, era la niña más divina en todo el jardín de niños, su cabello castaño combinaba a la perfección con sus hermosos ojos miel, sus pequeños dientecillos que empezaban a crecer ni siquiera se juntaban unos con otros dejando ver tiernos espacios vacios de encías, su cabello impregnado de un cautivador olor a shampoo de manzanilla: sin duda era mi favorita. En esa época, donde no contaba con ningún prejuicio ni inseguridad me fue incomprensiblemente fácil acercarme a ella, le obsequié la palanqueta de cacahuate que venía como postre en el desayuno DIF de 20 centavos, incluso la dejé jugar con mi juguete favorito, mi reluciente troncomóvil de avance por fricción. Le agradé, entablamos una fuerte amistad, era tan feliz pasando el tiempo a su lado, platicábamos de todo lo que dos niños de 5 años pueden platicar, nos divertíamos jugando a las escondidillas y a las traes. Uno de esos soleados días de comienzos de los 90, confié a mi mamá el gran secreto para poder liberarme de aquella presión, le mostré la foto escolar señalando a Paola y le dije –Se llama Paola, es mi amiga y me gusta mucho, es muy linda.- Mamá comenzó a hacer burla de mis párvulos sentimientos y les contó a mis hermanos quienes se unieron con jocosidad inmediata a la cábula. Corrí a encerrarme en el baño con la cara hirviendo en vergüenza, lloré.
En las próximas semanas mamá, para hacerme el paro, entabló  una amistad con la mamá de Paola. Una señora muy extraña, me daba mucho miedo, era tartamuda o sordomuda o algo así, hablaba de una forma infernal, con gritos de loca, nunca le entendía qué verga quería decir. Total, conseguí mi primera cita. Fui cortésmente invitado a comer en casa de Paola después de la escuela, mamá me recogería como a las 6. Nos divertimos jugando con sus Barbies, obviamente yo era puto Ken, la llevé a dar una vuelta volando en mi convertible rosa, nos divertimos jugando a la comidita y un sinnúmero de juegos para maricas. A la hora de la comida la mamá de Paola me sirvió un bistec duro como plástico, mis dientes de leche no podían cortar esa mierda, masticaba con todas mis fuerzas hasta que me hartaba y en el menor descuido de la señora doña mamá de Paola escupía la carne al suelo y la pateaba debajo de la mesa donde jamás la encontraría; obviamente la encontró en ese mismo instante y la puta muda esa me acusó con mi mamá cuando fue a recogerme, pero no me importaba, era un bebé completo, la amaba con cada fibra de mi inocente ser, me llenaba tanto estar con ella, me hacía reír, eso es el amor más puro y sano que he sentido, soñaba cada noche antes de dormir en crecer, casarme con Paola y tener muchos hijos. La única mujer a la que he amado sin pensar en ningún segundo en trabajármela, en esa torpe edad ni siquiera sabía todos los futuros usos de mi bomberito.
Llegó el día, me armé de huevos y me le declaré –Paola, me gustas mucho, eres muy linda. ¿Quieres ser mi novia?-  ella respondió con total desinterés –No, no me gustas.- la primera lección fuerte de la vida, me uní al club de los corazones rotos, el primer rito del largo e interminable mito. Decenas de mujeres pasarían sobre de mí, cargadas de desinterés repitiendo el clásico: NO. No me rendí, estaba enamorado, fuimos a la misma primaría, se convirtió en costumbre declarármele a Paola cada año, el viejo y gastado: NO. Aunque hay que admitirlo, siempre cambiaba el pretexto, los últimos se referían ya no a que era feo, sino que se enfocaba a mis capacidades intelectuales –no, la verdad es que eres un estúpido, pareces retrasado mental, tienes que cambiar- u otro clásico –No, eres muy inmaduro, no eres lo que busco.- Paola al ser la niña más bonita de la primaria tuvo muchos noviecillos, niñitos todo lo contrario a mí, los que eran buenísimos para el pambol, los riquillos que tenían bicicletas del año, los bonitos que bien podrían estar en comerciales de shampoo infantil. En fin, ahí aprendí la cruda realidad, las niñas bonitas nunca, pero nunca de los nuncas, les hacen caso a los niños feos, estúpidos y pésimos en cualquier tipo de actividad física, o sea a mí. 

II

Se llamaba Paulina, era la niña más divina de la secundaria, sus facciones eran tan exactas, su piel tan lisa, sus piernas lampiñas y gorditas, y ese culo, la forma en la que se marcaba el contorno de sus pantis a través de la falda a cuadros del uniforme, simplemente te dejaba sin aliento. Durante segundo de secundaria, como es normal en la adolescencia, los hombres jugábamos a rompernos la madre en cualquier momento; entre todos escogíamos una víctima y la apañábamos haciéndole una rigurosa bolita que en ocasiones incluía mapes y piquetes en el culo con un lápiz. En una de esas tantas ocasiones sin clase, fue mi turno: llegaron hacia mí entre todos, me sujetaron de las extremidades meciéndome, me soltaron para estamparme en un muro y en el instante en que caía unos 15 cabrones saltaron encima de mí. En el momento de mi tortura adolescente entró la prefecta al salón para encontrarme recibiendo tremenda putiza, supongo que mi cara de sofocación desató en la prefecta el juicio venidero. Me pensó como la única víctima de Bullying, creyó que todos me rompían la madre sin que yo pudiera hacer nada, me pensó indefenso y un pobre diablo del que abusaban; mandó citatorio a los papás de todos los que me dieron en la madre, pese a mis explicaciones de: “así nos llevamos” “sólo estábamos jugando” no pude hacerla cambiar de opinión, me imagino que supuso que intentaba encubrirlos por miedo a represalias, recibí atención pseudopsicológica por parte de la trabajadora social. Todos mis amigos acabaron suspendidos 3 días. Y lo peor, en cuanto regresaron me creyeron un puto chivatón, un pinche chamaco putito que los acusó, un se-lleva-y-no-se-aguanta. Mi castigo fue rotundo, ley del hielo por parte de todos esos culero, me quedé sin amigos; bueno, sólo los mega pelmazos nerds y las señoritas me hablaban, no me molestó, pero en esa edad no es tan chido juntarse con niñas, digo es la edad de los juegos violentos y los chistes sobre pedos. Por suerte el año siguiente entró Paulina. Una mujer hermosa, única, unos ojos tan expresivos y tiernos. Rápidamente (y como era nueva) me las arreglé para empezarle a hablar. Tuvimos muy buena química, se hizo mi mejor amiga, compartíamos gustos musicales, hablábamos de Linkin Park, Blink 182, The Offspring, Limp Bizkit y demás banditas culeras que en ese entonces sentíamos que eran la neta. Yo la hacía reír mucho, le fascinaba mi comedia de primer mundo que consistía en encontrar el defecto físico más notorio de una persona y ponerle un apodo: estaba La Marilyn Manson, el Gonzo, el Francis, el Porky; hasta la fecha sigo siendo buenísimo en eso. Uno de los días más grandiosos de mi puta vida fue cuando la mejor amiga de Paulina, la Rana, me dijo –We, le gustas a Pau, pero dice que si quieres andar con ella tienes que cambiar porque eres un completo idiota- Supongo que ahí se acentuó al máximo mi complejo de inferioridad intelectual, que desembocó en el torpe mecanismo de defensa de leer 50 putos libros al año. En ese entonces ya tenía mis ideales, no voy a dejar mi bella estupidez por un culo. Pero pensándolo bien, era el culo de Paulina, ese culo fue la imagen mental más recurrente en mis primeras chaquetas. Me la pasaba las tardes enteras imaginándome con un trozo de papel higiénico en una mano y la pija en la otra a Paulina tan hermosa y riquísima sentada encima de mí, desnuda, lampiña, con su pubis de seda, perfecta como ella misma, sentándose una y otra vez sobre mi verga adolescente mientras mis manos exploraban sus pequeñas tetas y le decía con toda la sinceridad que mi corazón conoce: Te amo, Te amo, ¡¡¡TE AMO!!!
Me aposté otra vez en el juego del romance –Paulina, tu amiga me dijo que te gusto y eso, también me dijo que piensas que soy un retrasado mental y quieres que cambie. No puedo cambiar lo que soy, pero realmente tengo sentimientos fuertes por ti, así que …¿Quieres andar conmigo?- Paulina se tomo unos segundos para decodificar mi directa declaración y al final me dijo –¡Sí!- La tomé en mis brazos y la besé con desesperación, era tan mágico, por primera vez en la puta vida estaba caldeando con una mujer hermosa, y lo más importante, con una mujer a la que realmente amaba.
Toda la semana fue bellísima, bellísima les digo, hasta para el viernes planeamos ir al cine con otros amigos (un nerd y su prospecto a novia), sin duda me la iba a trabajar en la oscuridad de la sala. Me puse mi mejor ropa de calle: playera negra de Metallica, Panto de mezclilla roto de las rodillas y unos Adidas; unos 20 minutos antes de salir de mi casa Paulina me habló –Luis, esto no está funcionando, creo que estábamos mejor como amigos, es que no sé, no eres lo que busco y bien sabemos que no vas a cambiar …Todavía podemos ir; pero eso sí, en plan de amigos- … “-Hija de tu reputísima madre, por qué verga juegas conmigo, qué no ves que te puto amo, pendeja, que no ves que eres todo para mí, que no ves que mi felicidad está encubada en tu ser, perra. Qué no ves que te amo con cada centímetro de mi carne-“ Pensé mientras por inercia le respondía – Sí, Pau. No te preocupes, yo entiendo, de todas formas no iba a funcionar, ya voy por ti.- ella cínicamente respondió –Eres un gran amigo, gracias por tu comprensión, verás que las cosas estarán mejor así- …”-¡Chinga tu madre!-“ pensé mientras me despedía cortésmente y colgaba mientras las lágrimas se escurrían como tubería descompuesta por mis raquíticas mejillas. Grite de dolor.
La historia de mi vida: rechazado por párvulas angelicales, rechazado por pubertas precoces, rechazado por adolescentes voluptuosas, rechazado por mujeres de composición absurda y quisquillosamente perfecta. Ahora sólo espero encontrar a una mujer maravillosa, una mujer por la que me desviva en enamoramientos precarios, con quién compartir música y literatura. Una mujer que triture mi pinche corazón con su bella sonrisa, con su amistad incondicional y sus rechazos bañados de indiferencia: que me haga sentir vivo otra vez, el paraíso intocable. Una chica perfecta que convenientemente se llame Paula y me sirva para completar  esta tristona trilogía del corazón roto.