Empaquetado. Recluido a tu
prisión de mentiras. Yo que nunca llego tarde a la hora del antibiótico, yo que
me veo desmoralizado por el diario discurrir de la vida, por el tropezado sinsabor de los colores diarios. Las
tonalidades grisáceas de la oficina me recuerdan lo barato de la vida hace tres
generaciones. Las tonalidades grisáceas del amor me recuerdan todas esas
megalomanías que llamamos virilidad. Y los verdugos que planchan sus trajes de
gala, los que únicamente te cortan los miembros y te dejan con la apariencia de
una pildorita neuroléptica. Te compran con su cínica libertad de expresión y
funerales públicos. Nacimos en el año de la tierra infértil, donde los
espectros resguardan todo el pasto seco y amamantan a sus sádicos retoños. Aquí, donde todos los fuegos,
una vez despedazados, se extinguieron
para dar paso a la apatía generalizada, a las tristezas compartidas. Las clases
de historia remplazadas por manuales sobre nudos Windsor. Verás a todos esos intelectuales
cavando en lo más profundo de sus mentiras, buceando en el conformismo,
rasgando maniáticamente las puertas del salón de la fama, hasta que todos
nuestros hímenes yazcan en sus estatuas; ese mismo día, cuando el arte deje de
ser un pasatiempo y se convierta en armamento. Nuestra esencia no se creará ni
se destruirá, se transformará; se enreda en una cara triste, en un racimo de
sueños difuminados. Es prostituida y degollada por un puñado de monedas y una
opinión. Nacimos de las cenizas de una bella semilla. Hambrientos del derecho a una condena de
libertad. A inventar nuestras propias cadenas perpetuas y pactar como infantes.
A dejar nuestras ridículas jaulitas y reencontrarnos con versiones más
primitivas de nosotros mismos, aquellas en las que el amor no era un juicio
estético, cuando sólo era el núcleo de toda objetivación y la retroalimentación
de toda acción. Sí ellos fueran como nosotros estarían acabados e
hipocondriacos para estos momentos. Nosotros celebramos nuestras elegías y
danzamos orgiásticamente en nuestros epitafios, mientras estamos hipnotizados
por esa inminente lluvia de balas, por el factor que nos haga empezar de nuevo,
mientras las más humildes intensiones permanecen asfixiándose en ese
caricaturesco saco café claro con un signo de $ en verde que se llama triunfo. El
sentimiento sintético de que las palabras en un manifiesto empresarial te
acechan, te van persiguiendo como crueles hormigas a la carroña, escapar de sus
tenebrosos colmillos y sus exasperantes formas de distribución y alienación, eres
parte y te encuentras vagando en sus sucias mentes, procurando la exclusiva
militancia de tus acciones, para reconstituirte, con las ranuras para enjuiciar
vacías.
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lunes, 11 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
SOBRE LA REPRODUCCIÓN ASEXUAL HUMANA
Antes de comenzar con este
complejo tema hay que aclarar el error más común en el estudio de la reproducción
“asexual” humana; No es una reproducción asexual como tal, más bien, es un tipo
de reproducción en el que no interviene el coito o el denominado “hacer el amor”. Sin embargo están implicados los órganos
reproductores masculinos y femeninos, digamos que el término asexual se recoge
por mera costumbre (para no romper con el paradigma y diferenciarla fácilmente de
la reproducción sexual común se seguirá estudiando bajo este concepto en temas
posteriores). Este tipo de reproducción
es bastante similar a la reproducción sexual vegetal, es indispensable para la
gestación de la ayuda de la garrapata Penis Foramen coloquialmente conocida como garrapata romántica.
La Penis Foramen es el insecto
que se encarga de polinizar a la mujer, es muy similar al proceso que hemos
estudiado minuciosamente en temas anteriores sobre la reproducción de las
plantas: las abejas y abejorros buscan
las flores más bellas, vuelan de planta en planta ingiriendo el dulce néctar de
las flores y transportando, sin notarlo, el polen hacia otras plantas y de este
modo ocurre la polinización.
La garrapata Penis Foramen, encuentra su principal fuente de alimento y de reproducción
en el esmegma masculino, digamos que aquí es donde entra en juego la llamada
selección sexual: la Penis Foramen se siente atraída hacia el esmegma más
agridulce y potente, las feromonas tienen un papel importante, el esmegma con
el hedor más fuerte es el que atraerá con mayor eficacia a estos pequeñines.
Una vez que la Penis Foramen satisfizo
su hambre buscará un buen sitio para desovar, si la uretra es cómoda, acogedora
y tibia; la garrapatita se encaminará
hacia adentro, donde, al encontrarse tranquila procederá a su primera metamorfosis
e hibernación. La garrapata Penis Foramen se adherirá a la pared de la uretra
creciendo de longitud hasta 15 veces su tamaño durante ese tiempo (véase fig.
2.5 anexos) , se aferrará con fuerza de sus 14 aguijones y comenzará su vida
dentro de ese canal por los próximos 2 meses, alimentándose de orina, sangre y
semen. Dichos fluidos se mantendrán a temperatura corporal dentro de la Penis
Foramen.
Tras dos meses de vida
parasitaria y de haber alcanzado su tamaño mayor la garrapata evacuará
sigilosamente la uretra dando comienzo a la dolorosa recuperación masculina, se
recomienda el uso de catéter con antibiótico para apresurar el proceso.
Aquí es donde comienza la segunda
fase de la reproducción “asexual” humana, la garrapata volará con sus recién
adquiridas alas (fig. 2.6 y 2.7) hacia su próximo destino: la vagina. En este
proceso, al igual que en los hombres, interviene la selección sexual, la mujer
con el PH vaginal más neutro ganará la atención de la Penis Foramen, quien
reptará hasta el interior gracias a la rígida coraza que desarrolló durante su
previa hibernación y dieta balanceada.
Una vez dentro de la vagina la
garrapata hará su camino hasta uno de los óvulos dispuestos, una de las
principales características de la Penis Foramen es su capacidad de vida dentro
de la matriz, pudiendo extenderse hasta por 4 años tiempo que suele tomar en encontrar el
óvulo adecuado para su propósito.
Una vez que ha encontrado un óvulo lo
suficientemente carnoso, lo tragará. Y su pequeño aguijón interior inyectará en
él, el “fluido vital” que almacenó
durante su estancia en la uretra masculina:
esa mezcla de micción, sangre y semen, es aquí donde se da la singamia o
fecundación, y comienza la segunda hibernación de nuestra garrapata romántica.
La garrapata pasa por un estado sésil,
formando una poderosa capa proteínica que la cubre por completo, muy similar a
un capullo de mariposa, salvo por el pico en forma de gancho filoso que queda
afuera y sirve para insertarse en la carne del utero y procurar nutrientes para
el cigoto y sus propias crías.
Durante el tercer mes de
gestación el capullo se torna en un pupario similar al de las moscas
muscomorfas, con la apariencia y la rigidez de un exoesqueleto (fig. 2.8),
mientras, el cigoto humano continua su desarrollo normal. El cordón umbilical comienza
a desarrollarse dentro del pico de la Penis Foramen y se conecta a la madre, de
éste modo el feto adquiere los nutrientes directamente de ésta, dando su primer
paso de independencia de la Penis Foramen.
Es en este momento donde se
inicia la relación simbiótica entre la garrapata romántica y el feto. La
garrapata desova millones de huevecillos en la piel del feto. El feto sirve
como superficie de incubación para los huevecillos durante un mes, hasta que
sólo unos miles de ellos logran abrirse dando lugar a pequeñas larvas que se
adhieren a la piel del cigoto succionándola para conseguir nutrientes.
Si la madre del bebé se encuentra
sana y en una dieta estricta de ácido
fólico, el bebé podrá sobrevivir a la acción parasitaria de las larvas sin
mayor problema.
Durante el sexto mes de embarazo,
el capullo se abre y la garrapata Penis Foramen perece al romperse su piel por
el crecimiento del feto en esos meses, si las larvas tuvieron una buena
nutrición estarán convertidas en pequeños mosquitos, fase anterior a
convertirse en garrapatas adultas, la mujer expulsará durante el sexto ó
séptimo mes de embarazo el cadáver de la garrapata, residuos del exoesqueleto y
la “brisa de la vida”.
La brisa de la vida es uno de los espectáculos más hermosos del
proceso de gestación, miles de pequeños mosquitos de garrapata multicolores son
expulsados de la vagina mediante una sonora flatulencia creando un efecto
similar a un arcoíris y con un exquisito olor a placenta: El milagro de la
vida.
Durante los próximos 2 ó 3 meses,
el feto continúa con el proceso de desarrollo normal, tal como en la
reproducción sexual común que se ha
estudiado en temas anteriores.
miércoles, 2 de mayo de 2012
LA TRADICIÓN
Recibía un masaje de pies, alcoholizado,
retozaba boca arriba en una cama, con mi mano derecha daba vueltas a mi
sombrero negro de copa, qué deleite de momento, fastuoso, el ambiente se
completaba con la compañía de los Luciérnagos, Naye estaba a cargo del
peculiar masaje relajante. Escuchábamos algo de música, me parece que era Bach,
el día claro, brillante, mostraba las cuatro paredes del cuarto más definidas de
lo normal. —¿Fumamos “la chingadera”? —Preguntó el Luciérnago, a lo que todos
asentimos. Del hitter brotó el rasposo humo, mis bronquios se hincharon, los
sentía habitando en la parte alta de mi pecho, luego todo se enrarecía. Era ya
el tercer día consecutivo de estar bebiendo, reíamos al borde de entrar en una agobiante
cruda, acompañada claro de pesadillas y depresión, horas después estaríamos en
nuestros cuartos ya solos, con pensamientos y voces endemoniadas; con calor, frío, noche de sudor y sábanas pesadas. Llegó la hora de la triste despedida,
abrocharse los zapatos, ponerse la chamarra y bajar las escaleras; qué difícil
resultaba pensar en hacer todo eso, debía de pasar, pero el sólo pensar en
pararse y terminar con aquella tarde primorosa resultaba un tanto doloroso. Sal
de la casa, sube a tu auto, maneja, pon atención en no atropellar a nadie,
estaciona el carro, saca las llaves, abre la puerta, sube a tu cuarto y
desplómate sobre la cama. Unas 6 horas después soñaba que bebía una deliciosa
naranjada con agua mineral, desperté deshidratado, fui por una jarrita de agua
y me recosté tratando de poder dormir. Como de costumbre me resultó imposible, empecé
a recordar a mi ex novia, culpándome por los momentos malos; ahora ya sin el
sedante de la cerveza mis tumores del pecho me comenzaron a doler, como si me
encajaran una aguja en una roncha. Por esos días, todo me irritaba, mis
tumores, las chispas de agua fría que salpica la regadera sobre los pies, el
tráfico, la gente religiosa, las campañas políticas, ver cagar a un perro, las
telenovelas, encontrar algún objeto de mi ex, que se me cayera una salchicha de
mi torta. Los tumores que llevaba sobre
mi pecho aparecían repentinamente, de una pequeña ronchita, crecían enrojecidas
hasta tener el tamaño de una pupa, de una crisálida carmín. Comezón, dolor,
siempre acompañaban mis pasos, como era de esperarse, dicha circunstancia sólo me
alejaba más de la gente, cada que alguien me abrazaba el dolor me invadía y
cuando me llegaba a golpear accidentalmente con algo, era tan agudo el sufrimiento
que caía en soñolencia por varias horas. Me comparaba siempre con la gente miserable,
con la que no tenía para comer o con algún discapacitado, cierto era que mi
problema no era tan grave, pero aún así, todos los días de mi vida estaban
acompañados de esa suspendida molestia. La semana pasaba relativamente rápido,
el jueves ya era día de comenzar a beber; la tradición nos reunía de nuevo, los
Luciérnagos, Naye, música, cerveza, olvido del deber, remembranza de buenos
momentos. En aquellos días temblaba muy seguido, parecía que la pangea amenazaba
con formarse de nuevo; nuestra explicación del mundo se confinaba a la
pasividad, adiós a la historia, adiós al humano, halo de estereotipos y
productos tapaban nuestra estática vida. “La filosofía de la inmediatez” me
decía siempre el Luciérnago, tenía razón, es lo que hacíamos, por lo único que
luchábamos, nuestra búsqueda por la dopamina nos unía, nos devolvía lo que las
imágenes nos habían quitado. También por aquellos días a
mis tumores les comenzó a salir pelo, largos y gruesos cabellos negros les
brotaban de repente, algunos, torcidos crecían enterrándose en el propio tumor,
con grandes pesares les mostraba el camino que debían de seguir, los
desenterraba y el pelo seguía creciendo ya fuera de la piel, realmente lucían
como nidos de insecto, a veces me daba temor que estando en un autobús a la
hora pico comenzaran a brotar insectos de los tumores, arañas o yo que sé, y la
gente me mirara aterrada, me señalara mientras yo trataba de quitarme una
marabunta de encima. Cada vez, las noticias me resultaban más estúpidas, que si
un perro había orinado al presidente de un país lejano, que si un camión lleno
de pasajeros se había desbarrancado al norte de Asia. Ya nada parecía real, la
insensibilidad anegaba mi mente, hasta a veces me daban risa las imágenes de
narcotraficantes destazados, la hilaridad hurtaba el lugar que antes le
pertenecía al horror. Llegó el jueves como un charco de paz, calurosos saludos
me recibían, heladas cervezas me inundaban, Naye y los Luciérnagos, ahí,
conmigo. —¿Vieron la noticia sobre el
camión que de desbarrancó en no sé dónde? —pregunté. —No, pero ¡qué pendejos! —me respondió el Luciérnago, y tenía razón, se habían muerto los muy pendejos
y nosotros estábamos ahí, vivos, bien. Luego de unas horas, mi amigo sacó “la
chingadera”, pero esa era según él, una “chingadera especial” directa desde los
países bajos, la porquería olía a frambuesa; el paquete era similar a una
envoltura de condones, y no tardamos en fumarla toda. Para mi sorpresa me cayó
mal la fumada, el efecto aumentaba cada vez más, decidí sentarme y pensar algo
bonito, que me tranquilizara, en praderas, estrellas, pero nada me quitaba esa
angustia. No le dije nada a mis amigos sobre mi malestar, hubiera sido
vergonzoso, ya tan viejo y ponerme como adolescente en su primera fumada. Para
colmo, mis tumores me empezaron a picar, una ola de comezón me invadió, me paré
al baño, cerré la puerta y me quité mi playera con dibujos de Radiohead. Un
rostro perdido me escupía el espejo, mis tumores peludos estaban hinchados y
rojos, un poco de sangre brotaba de tanto que me había rascado. Ya no me
importaba el dolor, seguía rascando, rascando mientras pensaba en mi ex-novia,
y en la ansiedad que no se iba. Era tanta ya la sangre que lucía como una de
esas pésimas representaciones de cristo. La comezón se agudizó, me rascaba ya con
un cepillo para cabello, pedacitos de piel se atoraban en las cerdas. Y de
repente —¡Mierda, mierda! —grité. Un pedazo de caparazón se asomaba por un
tumor, me acerqué al espejo para ver mejor, y sí, era un jodido caparazón, me
rasqué más y más, seis patitas se asomaban ya por el hondo agujero que me había
hecho, y al ya no tener más piel que le estorbara voló, el insecto voló para
posarse en la pared. Mis amigos tocaron la puerta, alarmados por mi grito. —¿Estás bien Cahuamo? A lo que respondí: —No. De los demás tumores
empezaron a salir más insectos, luchaban rasgando la fibrosa piel que los
retenía; llanto y gritos saturaban el baño, abrí la puerta y mis amigos me
señalaron, corrieron. Rendido sobre el suelo, envuelto en un sordo sopor,
miraba a los insectos salir de mi pecho, volar y posarse en una de las cuatro
amarillentas paredes.
miércoles, 25 de abril de 2012
ARTE MODERNO
Simplemente despiertas de esas
minuciosas introspecciones con un fuerte gusto a vómito, el cabello enmarañado
y la consciencia desconcertada y asustada durante unos cinco segundos hasta que
el collage mental encaja todas las situaciones anteriores que te hicieron
terminar en ese asiento trasero de un pequeño taxi de base.
-Joven. ¿Usted sabe cómo sería la
mujer perfecta?
-Mmm. No tengo idea. ¿Cómo?
-Con la cabeza plana para poder
poner ahí la chela mientras te la chupa.
Hago un pequeño gesto de gracia
mientras se me escapa un “Ja” tan falso como yo puedo serlo en ese momento, la
verdad me siento un tanto irritado con la barata comedia machista del
conductor, siempre me he sentido tan falso al entablar una obligada
conversación con el chofer, prefiero tomar esos minutos para meditar o procurar
dejar la mente en blanco y tener un poco de paz. Llegamos al sitio de la cita,
el taxímetro marca 47, le dejo uno de 50. Salgo del vehículo con esfuerzo, casi
a rastras mientras jalo mi bajo para liberarlo de su prisión en el compacto
asiento trasero del Volkswagen.
Echo un vistazo al sitio, parece
un bar enorme, muy pretensioso y nauseabundo, con el valet parking retacado de
autos lujosos, mujeres hermosas en vestidos provocativos entran de la mano de gorilones
rubios en camisas entalladas y ridículas. Me siento un rato en la banqueta a
disfrutar de un Delicado con filtro mientras me preparo para entrar. El humo
que se escurre por mis fosas nasales me sumerge en mis cavilaciones una vez
más: lo grotesco y caricaturesco que se ha vuelto el artista, necesita ser
plástico para tener una oportunidad, hacer lo que todos piensan que harás, se
acabó la sorpresa, la sinceridad murió, el artista sólo se vuelve un ente de
respeto y fama cuando se muestra dispuesto a entrar en el juego, a estar en
contacto con los medios masivos, no mucha política, nunca mencionar la palabra
suicidio… yo los he visto a todos, corrompidos, zombies, vendiendo su ética, su
cosmogonía al mejor postor, la empresa que te ofrece el salario de cinco
cifras, la que tiene más comerciales de medicamentos milagrosos, la que difunde
al candidato de ultraderecha como el nuevo Jesucristo. Piso la colilla y me
dispongo a entrar.
-Tu identificación, no puedes
entrar usando esa ropa. Estás sucio y pareces drogado.
-Soy de la puta banda, déjame
pasar.
-¿De qué banda?¿Cómo te llamas?
-
De Banana Spleen, soy el Chicastuercas.
- Pásale, tus amigos ya están armando el
equipo, siguen ustedes.
Me siento increíblemente idiota
tocando en éste sitio, no pertenezco aquí, estos estúpidos burgueses que vienen
a pagar covers de 200 varos y cervezas chicas de 50, vergonzosamente pensándose
rockeros para impresionar a esas suculentas mamacitas con 32 neuronas,
escuchando esta mierda de música increíblemente adulterada y empaquetada,
filtrada de cualquier mínimo indicio subversivo. Pero aquí me encuentro yo,
revolcándome y tragando la misma porquería de la que me quejo, cobrando esos cheques por tocar estas lindas
cancioncitas verso-coro-verso, dando estos mensajes positivos a la gente,
hablando de puto amor, apegado fielmente a la pentatónica y a compases de 4/4, quizá variemos a 8/8 para sentirnos
rudos. Soy parte de esto, doy entrevistas con mi mejor sonrisa a esos monitos
de corbata, a aquellos que dejaron a un lado toda su poesía personal y sus
camisetas del Che Guevara, los que sepultaron el sueño de alfabetizar Chiapas
en su empleo de publicista político, Los que crucificaron al buen Charles
Manson vendiéndolo como un homicida satánico y lunático sin juzgar ni
cuestionar, los que despellejan viva su propia realidad por un Martini, hotel
cinco estrellas y cocaína. Pero aquí estoy, hundiéndome en éstas inevitables y
elaboradas arenas movedizas. Cuando el arte es hecha en conjunto y con el fin
común de vender, la esencia primordial se pudre ignominiosamente, tienes que
pensar por todos los participantes y por ese fantasma grotesco: “el
consumidor”. Los caprichos personales se van desechados como berrinche de
quinceañera, dotando al producto de una plasticidad total, aceptémoslo: esos
pequeños caprichos son los que representan el espíritu del artista, los que
dotan de vitalidad, estilo, esencia, humanidad, moralidad; los que te dan un
recorrido por los anhelos, las neurosis y el inconsciente bellamente trastornado
de ese bicho raro llamado artista. Pero no, en el consumismo no hay espacio
para nada de eso, simplemente es su más pura y refinada antítesis. El bajo,
debe de tomar su papel de bajo, adiós experimentación, adiós feedbacks, adiós
solos, adiós desentonaciones, adiós a ese ejército de notas trasteadas y de
slides chillantes, adiós a la opacidad que brindan los torpeza de los dedos, me
despido del detuner, adiós al romance, bienvenida frialdad técnica. ¿estilo?
Amasa los estilos de todos esos dobles
platinos y ¡voilá! Hay que pensar en el sonido del bajo como ese contundente
¡bom, bom, bom, bom! Que sonará en el buffer del Ferrari del hijo del senador,
para él se dirige el “arte” moderno después de todo. Y cuando lo hagas voltea
la cubierta de esos álbumes de Eno, Crimson y Can, no les rompas el corazón
El show comienza, abro el case de
mi Ibáñez para darme cuenta que la cuarta cuerda está rota, salimos en 5
minutos, no tengo repuesto, aunque lo tuviera estoy tan mareado como para
intentarlo.
Fui el camello, fui el camello
condenado a sus estereotipos, todos se enojarán y me odiarán mientras disfruto
el festín de sus reminiscentes horas de trabajo y práctica. Me elevo una vez
más, con las alas todavía entumidas y la vista reacostumbrándose a la
oscuridad; me regocijo en sus orgías,
hermanos. El sabor de la objetivación primitiva. Soy el bebé que nació libre
del pecado original, estoy tan vivo; soy tan bello, dulce y único como la
poesía de una prostituta. Lo rechazo todo. Matar, matar, matar para poder
resucitar.
Hasta el punto en que la foto del
ultrasonido paulatina y únicamente para tu propia vista se transforma en el
champiñón atómico que te quema lentamente junto a toda la humanidad mientras
las caras se derriten y las prendas en llamas se fusionan a los cuerpos
burbujeantes.
martes, 10 de abril de 2012
ES COMO HACER EL AMOR
Escuchar Rock & Roll es como hacer el amor: tienes que concentrarte en cada instrumento. Vivirlo al máximo: bajo, guitarra, batería y voz … No hay más. Tienes que mimetizarte en ese tórax sudoroso y tierno que se restriega con juguetona involuntariedad contra el tuyo. Desvivirte en análisis geográficos, manos desesperadas que se encargan de delimitar ese húmedo complejo de laberintos voluptuosos. Los sexos, presentándose tímidos, curiosos …altaneros, criminales, ociosos, violentos. Y esos labios …Pffff. ¿Portales del alma? ¿eternidad cristalizada? ¿TUYYO? Los pinches Labios …¿Hay alguna exagerada pretensión poética que los sitúe en su altar? (escuchen rock & roll)
miércoles, 15 de febrero de 2012
TRILOGÍA DEL CORAZÓN ROTO
I
Se llamaba Paola, era la niña más divina en todo el jardín de niños, su cabello castaño combinaba a la perfección con sus hermosos ojos miel, sus pequeños dientecillos que empezaban a crecer ni siquiera se juntaban unos con otros dejando ver tiernos espacios vacios de encías, su cabello impregnado de un cautivador olor a shampoo de manzanilla: sin duda era mi favorita. En esa época, donde no contaba con ningún prejuicio ni inseguridad me fue incomprensiblemente fácil acercarme a ella, le obsequié la palanqueta de cacahuate que venía como postre en el desayuno DIF de 20 centavos, incluso la dejé jugar con mi juguete favorito, mi reluciente troncomóvil de avance por fricción. Le agradé, entablamos una fuerte amistad, era tan feliz pasando el tiempo a su lado, platicábamos de todo lo que dos niños de 5 años pueden platicar, nos divertíamos jugando a las escondidillas y a las traes. Uno de esos soleados días de comienzos de los 90, confié a mi mamá el gran secreto para poder liberarme de aquella presión, le mostré la foto escolar señalando a Paola y le dije –Se llama Paola, es mi amiga y me gusta mucho, es muy linda.- Mamá comenzó a hacer burla de mis párvulos sentimientos y les contó a mis hermanos quienes se unieron con jocosidad inmediata a la cábula. Corrí a encerrarme en el baño con la cara hirviendo en vergüenza, lloré.
En las próximas semanas mamá, para hacerme el paro, entabló una amistad con la mamá de Paola. Una señora muy extraña, me daba mucho miedo, era tartamuda o sordomuda o algo así, hablaba de una forma infernal, con gritos de loca, nunca le entendía qué verga quería decir. Total, conseguí mi primera cita. Fui cortésmente invitado a comer en casa de Paola después de la escuela, mamá me recogería como a las 6. Nos divertimos jugando con sus Barbies, obviamente yo era puto Ken, la llevé a dar una vuelta volando en mi convertible rosa, nos divertimos jugando a la comidita y un sinnúmero de juegos para maricas. A la hora de la comida la mamá de Paola me sirvió un bistec duro como plástico, mis dientes de leche no podían cortar esa mierda, masticaba con todas mis fuerzas hasta que me hartaba y en el menor descuido de la señora doña mamá de Paola escupía la carne al suelo y la pateaba debajo de la mesa donde jamás la encontraría; obviamente la encontró en ese mismo instante y la puta muda esa me acusó con mi mamá cuando fue a recogerme, pero no me importaba, era un bebé completo, la amaba con cada fibra de mi inocente ser, me llenaba tanto estar con ella, me hacía reír, eso es el amor más puro y sano que he sentido, soñaba cada noche antes de dormir en crecer, casarme con Paola y tener muchos hijos. La única mujer a la que he amado sin pensar en ningún segundo en trabajármela, en esa torpe edad ni siquiera sabía todos los futuros usos de mi bomberito.
Llegó el día, me armé de huevos y me le declaré –Paola, me gustas mucho, eres muy linda. ¿Quieres ser mi novia?- ella respondió con total desinterés –No, no me gustas.- la primera lección fuerte de la vida, me uní al club de los corazones rotos, el primer rito del largo e interminable mito. Decenas de mujeres pasarían sobre de mí, cargadas de desinterés repitiendo el clásico: NO. No me rendí, estaba enamorado, fuimos a la misma primaría, se convirtió en costumbre declarármele a Paola cada año, el viejo y gastado: NO. Aunque hay que admitirlo, siempre cambiaba el pretexto, los últimos se referían ya no a que era feo, sino que se enfocaba a mis capacidades intelectuales –no, la verdad es que eres un estúpido, pareces retrasado mental, tienes que cambiar- u otro clásico –No, eres muy inmaduro, no eres lo que busco.- Paola al ser la niña más bonita de la primaria tuvo muchos noviecillos, niñitos todo lo contrario a mí, los que eran buenísimos para el pambol, los riquillos que tenían bicicletas del año, los bonitos que bien podrían estar en comerciales de shampoo infantil. En fin, ahí aprendí la cruda realidad, las niñas bonitas nunca, pero nunca de los nuncas, les hacen caso a los niños feos, estúpidos y pésimos en cualquier tipo de actividad física, o sea a mí.
II
Se llamaba Paulina, era la niña más divina de la secundaria, sus facciones eran tan exactas, su piel tan lisa, sus piernas lampiñas y gorditas, y ese culo, la forma en la que se marcaba el contorno de sus pantis a través de la falda a cuadros del uniforme, simplemente te dejaba sin aliento. Durante segundo de secundaria, como es normal en la adolescencia, los hombres jugábamos a rompernos la madre en cualquier momento; entre todos escogíamos una víctima y la apañábamos haciéndole una rigurosa bolita que en ocasiones incluía mapes y piquetes en el culo con un lápiz. En una de esas tantas ocasiones sin clase, fue mi turno: llegaron hacia mí entre todos, me sujetaron de las extremidades meciéndome, me soltaron para estamparme en un muro y en el instante en que caía unos 15 cabrones saltaron encima de mí. En el momento de mi tortura adolescente entró la prefecta al salón para encontrarme recibiendo tremenda putiza, supongo que mi cara de sofocación desató en la prefecta el juicio venidero. Me pensó como la única víctima de Bullying, creyó que todos me rompían la madre sin que yo pudiera hacer nada, me pensó indefenso y un pobre diablo del que abusaban; mandó citatorio a los papás de todos los que me dieron en la madre, pese a mis explicaciones de: “así nos llevamos” “sólo estábamos jugando” no pude hacerla cambiar de opinión, me imagino que supuso que intentaba encubrirlos por miedo a represalias, recibí atención pseudopsicológica por parte de la trabajadora social. Todos mis amigos acabaron suspendidos 3 días. Y lo peor, en cuanto regresaron me creyeron un puto chivatón, un pinche chamaco putito que los acusó, un se-lleva-y-no-se-aguanta. Mi castigo fue rotundo, ley del hielo por parte de todos esos culero, me quedé sin amigos; bueno, sólo los mega pelmazos nerds y las señoritas me hablaban, no me molestó, pero en esa edad no es tan chido juntarse con niñas, digo es la edad de los juegos violentos y los chistes sobre pedos. Por suerte el año siguiente entró Paulina. Una mujer hermosa, única, unos ojos tan expresivos y tiernos. Rápidamente (y como era nueva) me las arreglé para empezarle a hablar. Tuvimos muy buena química, se hizo mi mejor amiga, compartíamos gustos musicales, hablábamos de Linkin Park, Blink 182, The Offspring, Limp Bizkit y demás banditas culeras que en ese entonces sentíamos que eran la neta. Yo la hacía reír mucho, le fascinaba mi comedia de primer mundo que consistía en encontrar el defecto físico más notorio de una persona y ponerle un apodo: estaba La Marilyn Manson, el Gonzo, el Francis, el Porky; hasta la fecha sigo siendo buenísimo en eso. Uno de los días más grandiosos de mi puta vida fue cuando la mejor amiga de Paulina, la Rana, me dijo –We, le gustas a Pau, pero dice que si quieres andar con ella tienes que cambiar porque eres un completo idiota- Supongo que ahí se acentuó al máximo mi complejo de inferioridad intelectual, que desembocó en el torpe mecanismo de defensa de leer 50 putos libros al año. En ese entonces ya tenía mis ideales, no voy a dejar mi bella estupidez por un culo. Pero pensándolo bien, era el culo de Paulina, ese culo fue la imagen mental más recurrente en mis primeras chaquetas. Me la pasaba las tardes enteras imaginándome con un trozo de papel higiénico en una mano y la pija en la otra a Paulina tan hermosa y riquísima sentada encima de mí, desnuda, lampiña, con su pubis de seda, perfecta como ella misma, sentándose una y otra vez sobre mi verga adolescente mientras mis manos exploraban sus pequeñas tetas y le decía con toda la sinceridad que mi corazón conoce: Te amo, Te amo, ¡¡¡TE AMO!!!
Me aposté otra vez en el juego del romance –Paulina, tu amiga me dijo que te gusto y eso, también me dijo que piensas que soy un retrasado mental y quieres que cambie. No puedo cambiar lo que soy, pero realmente tengo sentimientos fuertes por ti, así que …¿Quieres andar conmigo?- Paulina se tomo unos segundos para decodificar mi directa declaración y al final me dijo –¡Sí!- La tomé en mis brazos y la besé con desesperación, era tan mágico, por primera vez en la puta vida estaba caldeando con una mujer hermosa, y lo más importante, con una mujer a la que realmente amaba.
Toda la semana fue bellísima, bellísima les digo, hasta para el viernes planeamos ir al cine con otros amigos (un nerd y su prospecto a novia), sin duda me la iba a trabajar en la oscuridad de la sala. Me puse mi mejor ropa de calle: playera negra de Metallica, Panto de mezclilla roto de las rodillas y unos Adidas; unos 20 minutos antes de salir de mi casa Paulina me habló –Luis, esto no está funcionando, creo que estábamos mejor como amigos, es que no sé, no eres lo que busco y bien sabemos que no vas a cambiar …Todavía podemos ir; pero eso sí, en plan de amigos- … “-Hija de tu reputísima madre, por qué verga juegas conmigo, qué no ves que te puto amo, pendeja, que no ves que eres todo para mí, que no ves que mi felicidad está encubada en tu ser, perra. Qué no ves que te amo con cada centímetro de mi carne-“ Pensé mientras por inercia le respondía – Sí, Pau. No te preocupes, yo entiendo, de todas formas no iba a funcionar, ya voy por ti.- ella cínicamente respondió –Eres un gran amigo, gracias por tu comprensión, verás que las cosas estarán mejor así- …”-¡Chinga tu madre!-“ pensé mientras me despedía cortésmente y colgaba mientras las lágrimas se escurrían como tubería descompuesta por mis raquíticas mejillas. Grite de dolor.
La historia de mi vida: rechazado por párvulas angelicales, rechazado por pubertas precoces, rechazado por adolescentes voluptuosas, rechazado por mujeres de composición absurda y quisquillosamente perfecta. Ahora sólo espero encontrar a una mujer maravillosa, una mujer por la que me desviva en enamoramientos precarios, con quién compartir música y literatura. Una mujer que triture mi pinche corazón con su bella sonrisa, con su amistad incondicional y sus rechazos bañados de indiferencia: que me haga sentir vivo otra vez, el paraíso intocable. Una chica perfecta que convenientemente se llame Paula y me sirva para completar esta tristona trilogía del corazón roto.
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