miércoles, 30 de enero de 2013

EL PRIMER ABORTO



-El primer aborto es de esas experiencias que te marcan para siempre. La neta sí está muy culero, pero es mil veces preferible a tener que mantener a un morro que ni siquiera te importa y echarte a perder la vida a esta edad.- Dijo Toño.

-La neta sí, man. Es preferible que juntes el varo ahorita, le des a tu vieja las meras pastillas perronas y te evitas de pedos, lo más preferible es que lo hagas en una casa sola o si no tienes donde mejor vete a un hotel, porque la neta sí se ponen muy mal, a mi vieja se le bajó la presión bien culero, le salió un chingo de sangre y se sintió del pito todo el rato, si hubiera estado mi jefa sí se hubiera dado cuenta, y lo más importante es que te apures, hazlo lo más rápido posible porque mientras más te tardes más crece esa madre y va a ser más pedo, vas a tener que llevarla con algún doctor clandestino, te va a salir más caro y la pinche experiencia de ver que se llevan a tu morra en la camilla, que la meten al cuarto de operaciones y que después salga toda madreada está ultra culerísima, man. La neta ya no le juegues al verga y aplícate, creo que a Toño todavía le quedaban pastillas ¿o ya te las acabaste?- Dijo Abel.

-Sí cabrón, ya mamaron pito, todavía tenía un paquete pero se las corrí al Jerónimo ¿No te acuerdas que hace como 6 meses ese güey también dejó pastel a la Karla? Pero lo que sí te puedo correr es la receta, la primera vez que tuve el pedo le dije a una valedora de la escuela que su papá es doctor que tirara esquina, su jefe es bien buen pedo y me corrió un bonche de recetas firmadas, bueno, la neta no sé si fue su jefe o mi valedora la que sacó las recetas, pero lo bueno es que ahí están para cualquier emergencia de la pandilla, nada más vas a la farmacia París en el centro y ahí te las venden, les dices que tienes pedos de gastritis muy culeros. Ya no te preocupes cabrón, tú chingón, vas a ver que todo va a salir bien, con que no dejes pasar más tiempo para que no se ponga más cabrón como dice Abel. ¿Cuánto tiempo tiene que no le baja?-Dijo Toño.

-Pues ya lleva un mes de retraso, cabrón, la prueba de embarazo tiene 4 días que la hicimos y hoy ella iba a pasar a recoger la del laboratorio, para estar seguros.-Respondí

-Sí güey, es harto importante que hagas la de laboratorio, esas mamadas de las pruebas instantáneas nomás no funcionan, ya me pasó dos veces que le hice a mi vieja de esas de mear y me salieron positivas, ya sabes, pinches sustazos. Y ya cuando estábamos viendo qué pedo con las pastillas, para estar seguros fuimos a hacer la prueba perrona al laboratorio del Chopo y resultó que no estaba embarazada, esas pruebas nomás nos fintaron, pinche pedote que nos sacaron. Lo peor de todo es que la segunda vez que otra de esas pruebas dio positivo mi vieja ya estaba bien dispuesta a tenerlo, ya no la podía convencer de abortar, cabrón; salió con sus mamadas de que ya estábamos grandes, de que ya no iba a poder tener hijos después,  de que ya estaba lista, no mames fue cuando tuve que aplicar la mera chida y le chillé, le hice un pinche berrinchote.- dijo Abel. Toño y yo soltamos sonoras carcajadas mientras él servía la siguiente ronda de mezcal y proseguía con su relato.-Sí güeyes, la neta sí tuve que aplicar la mera maricotas, pero qué me quedaba, tuve que valerme hasta de mi último recurso. Es que imagínense, tener un hijo a esta edad estaría del pito: adiós pedas con la pandilla, adiós seguir estudiando y acabar la carrera, adiós cotorrearse a otras señoritas, no mames, no me lo imagino, si tengo hijos va a ser ya cuando esté bien ruco, como de 35 años, ya que haya viajado un chingo, que tenga un trabajo más o menos decente, no mames ya ni siquiera podría pensar en dirigir películas, todo el dinero que necesito para cámaras, luces, micrófonos, utilería y demás chingaderas ahora tendría que ser para pañales, que la cuna, que ropita, que carriola, ¡no mames, no! Hasta de imaginarlo me espanto, no mames pinche Saldívar, la neta ya aplícate cabrón. Ah, después de que le lloré y le hice el berrinche me dijo que sí que no había pedo que ya iba a abortar, quedamos de ir a comprar las pastillas al día siguiente y total que en la noche le bajó ¡A huevo! Pero neta que pinches pruebas de embarazo caseras, son una mamada. Nunca vuelvo a confiar en esas mierdas.

-No mames papá, neta de la que te salvaste, pero qué pendejo, de todas formas le hiciste tu pancho y lloraste, bien puto.- Toño.

-No mames güey, la neta que tire la primera piedra quien no hubiera hecho lo mismo en la misma situación.- Abel

-No, pues la neta sí güey, te rifaste aplicaste la mera chida.- Contesté.

-Eso que ni qué.- Toño.

Todavía recuerdo, pese a tanto tiempo transcurrido, el vacio que sentí en el estómago al recibir esa llamada, estaba algo pedo ya, no mucho, estaba flamas, recibí la llamada de Patricia, mi novia en ese entonces, acababa de recibir los resultados de embarazo del laboratorio. En cuanto me dijo que estaba embarazada me bloqueé por unos minutos, me asusté tanto que hasta se me bajó la peda, incluso Abel y Toño se sacaron de pedo, me intentaron consolar, por lo menos me acababan de dar esas breves cátedras sobre sus propios abortos, me dieron ánimos al mismo tiempo que se burlaban de mí, después de todo para eso están los mejores amigos. Tenía 19 años, Patricia 18, recién salíamos de la preparatoria para comenzar los estudios superiores, ninguno de los dos tenía empleo, aún vivíamos con nuestros padres, estábamos llenos de esperanzas y sueños, un bebé a esa edad era inconcebible, frustraría nuestros sueños por completo. Yo estaba empeñado en estudiar Filosofía y Letras en la UNAM, quería más que nada convertirme en escritor de novelas, estaba muy en la onda de la novela existencialista, que mejor que estudiar filosofía para nutrir a mis personajes de carácter culto. Patricia amaba a los animales, su sueño era estudiar veterinaria y acabar dando asistencia médica a los animales en el zoológico de Chapultepec. El simple hecho de pensar en un bebé mutilaba por completo todos nuestros planes, Abel lo había expresado tan bien: “Es que imagínense, tener un hijo a esta edad estaría del pito: adiós pedas con la pandilla, adiós  seguir estudiando y acabar la carrera, adiós cotorrearse a otras señoritas” aunque realmente la parte de las señoritas era la que menos me importaba, estaba jodidamente enamorado de Patricia, tenía sueños torpes de amor eterno con la primera novia, platicábamos sobre planes a futuro, los dos deseábamos tener un bebé, pero después de acabadas las carreras y de establecernos, eran añoranzas bañadas de tintes románticos, esas añoranzas que se dan en las primeras relaciones; de hecho si Patricia hubiera estado de acuerdo en tener el bebé yo no hubiera objetado nada, me hubiera resignado, hubiera conseguido el mejor trabajo que se pudiera tener con sólo la preparatoria trunca y ni siquiera me hubiera importado trabajar 12 horas al día para proveer a mi familia, era muy idealista en esa época.

Conseguí el dinero para las pastillas, Abel, quien era el riquillo de la banda me “prestó” una parte del dinero, recuerdo que eran pastillas muy caras y sólo con el dinero que me daba mi papá para pasajes y libros hubiera sido imposible adquirir, a cambio del dinero le di a Abel algunos viejos acetatos de Jazz que yacían olvidados en un rincón de mi casa y que nunca volvería a recuperar. Patricia puso otra parte ahorrando sus pasajes y comidas, la última parte la puse empeñando una consola de videojuegos (no recuerdo cuál) y que tampoco recuperaría jamás.  Por suerte nos alcanzó para las pastillas y nos sobró un poco para alquilar el cuartucho de un hotel barato y comprarnos unas tortas para comer, yo robé una botella de Bacardí de mi casa para aguantar el miedo durante el aborto.

Una vez en el cuarto decidimos follar antes de empezar el tratamiento, de todas formas ya estaba embarazada y estaba a unas horas de no estarlo más. Qué podría pasar. Hicimos el amor dulcemente, melancólicamente, con tristeza, lento. Procuraba no lastimarla, la metía con sutileza, la besaba con ternura, como si estuviera hecha de cristal, procuraba tocar sus bellos senos con paciencia, sin desesperarme y estrujarlos, mi lengua tocaba con timidez sus pezones que brotaban al contacto con la saliva, no sé por qué la follé así, me sentía algo cohibido, a ella le gustaban las folladas duras y violentas, con nalgadas y mordidas, pero esa tarde la follé lento y con toda la delicadeza del mundo, sabía bien el sufrimiento que estaba a punto de experimentar. Cuando intenté metérsela por primera vez, fracasé, no estaba nada mojada, no le gustaba hacer el amor con dulzura, ella quería que la dedeara violentamente, que le hablara sucio inclusive, pero yo no estaba en humor de coger, esa tarde sólo quería hacer el amor tiernamente, tuve que hacerle un oral para mojarla y poder penetrarla. Me vine adentro, sin condón.

El tratamiento consistía en introducir dos ovulitos por su vagina y hacerla tomar otras dos píldoras oralmente, esperar una hora y si no pasaba nada, reforzar el tratamiento con un óvulo por hora hasta que el feto fuera expulsado, bebí la botella de ron mientras ella intentaba distraerse viendo una película cursi que ahora no recuerdo, ambos estábamos espantados pero sabíamos que era lo mejor. Nos importaba un pito todo ese discurso eclesiástico del aborto es asesinato, no considerábamos un feto de un mes como un ser humano realizable, lo veíamos como un ser humano que iba a llegar a vivir una vida infeliz y hacer otras dos vidas infelices, simplemente éramos dos niños que no tenían intensión de jugar al papá y a la mamá, éramos dos ateos que se exaltaban ante la recién descubierta filosofía de Nietzsche, éramos dos jóvenes saludables que disfrutaban el sexo sin protección tras consumir fuertes dosis de alcohol, estábamos profundamente enamorados y un bebé no planeado no iba a llegar a joder nuestros planes, nuestra voluntad era mucho más poderosa que la de una aleatoria concepción descuidada.

Poco después de la siguiente dosis de medicamento, Patricia comenzó a sangrar. Sangró abundante y violentamente, perdí la serenidad pensando que moriría en ese instante por una fuerte hemorragia, Patricia lloraba por el dolor de los cólicos que el potente fármaco producía, intentaba aguantar los gritos para no alterar al personal del hotel, cosa ridícula ya que en el cuarto adyacente una pareja de homosexuales tenían una fuerte tanda de sexo nada discreto. La cantidad que menstruó Patricia esa tarde fue increíble, incluso hizo que en la primera tanda el váter se drenara sólo por la rapidez y cantidad en que la sangre cayó, en la taza de baño pude ver un grumo negruzco de aproximadamente dos centímetro de diámetro, cuando bajé la palanca me quité la gorra que llevaba rindiéndole un pequeño gesto de solemnidad a mi primogénito abatido por el eficaz Misoprostol. Patricia tardó otras dos horas en estabilizarse por completo, tenía unas náuseas horribles, su piel irradiaba una tonalidad amarilla, estaba muy exhausta, durmió todo ese tiempo teniendo escalofríos  y excesiva sudoración, sólo despertaba para vomitar en el cesto de basura que le puse al lado de la cama. Cuando despertó completamente no se encontraba en humor para volver a hacer el amor por lo que salimos del hotel y fuimos a comer tortas, yo pedí de milanesa, no recuerdo de qué pidió ella.

jueves, 18 de octubre de 2012

SUEÑO LÚCIDO



Estás encapsulada en mi santuario,
Donde el tiempo se trasgrede a sí mismo,
Se disuelve en espasmos entrecortados
De epiléptico trastornado.
Destellas tanta seducción y realidad
Como el anhelo de trascender
O como los prefijos tras en estos versos.

Te apuestas en mis esperanzas
Como mediocre asesina a sueldo.
No aferres tus uñas esmaltadas a lo imposible,
Esta noche eres la reflexión de mis fantasías,
Conocerás mi delicada violencia
Y mi pueril onanismo onírico,
¡Oh! Dulce y sensual extraña.

Nos introducimos en el preludio carnal,
Somos dos personajes impacientes
En el teatro de la lujuria;
Sólo el tacto y el gusto nos dirigen.
Invertimos las consonantes del sueño lúcido
Con el deseo de volverlo lúdico

Estamos exentos de peaje
En las autopistas del placer,
Me arrastro millas en tu fino cuerpo
Me cortejas con tus suspiros de Jazz suave
Mientras te ofrendo esta humilde y  tierna violación
Al son de la absenta y el bondage.



miércoles, 10 de octubre de 2012

ELLA REGRESÓ



Llegaste en el momento menos esperado,
Como bala perdida al cerebro de un bebé.
Me raptaste de mi burbuja de  júbilo,
Sin dejarme pelear
¿Qué más quieres de mí?
¿No te es suficiente todo el daño que ya me has hecho?
No te puedo rehusar por más que intente,
Y lo aprovechas, celosa amante.
Eres la incómoda cómplice de mis insomnios.
Te atribuyes mi ser, sin contrato alguno,
Carcomes mi pecho cual rata sádica,
Me cedes las náuseas de los enamorados,
Las mariposas se desgarran las gargantas,
Sus lúgubres aullidos emanan de mi estómago,
Trastornan mis breves sonrisas.
Te sabes parte de mi organismo,
Como la bilis del bebedor
Me postro ante ti
¡Esclavízame! ¡Ulcérame a tu antojo!
Nunca me independizaré;
Eres igual a las infecciones venéreas,
Siempre te atesoraré con recelo.
El rito se cumplirá una vez más,
Soy súbdito de tus caprichos,
Conozco las reglas de tu juego:
Sepultar mis placeres masoquistas.
¿Una noche de crápula?
Ni lo pienses.
La emergencia de un cigarro me repugna.
¿De qué te sirve este raquítico ser?
¿De qué te sirve este hombre de ojos opacos?
De anhelos agónicos,
De brutal conformismo.
¡Niña malcriada!
Sólo podré disipar la melancolía con potentes fármacos,
Mientras representamos nuestras antiguas veladas:
Cuando era un manso chasís
A la orden de tus descabelladas codicias
Y sumiso al compás de tu efectivo látigo
Despertando en auroras de ano sangrante…
Bienvenida a casa,
Puta gastritis.
No debí haber comido esos tacos.

jueves, 4 de octubre de 2012

PAPÁ ESTÁ MUERTO



No recuerdo con exactitud el momento en el que recibí la noticia, era como esas veces en que despiertas sobresaltado de un profundo sueño en un lugar ajeno y te toma unos segundos recapitular el por qué de tu extraña estancia. Más que tristeza, un profundo pánico infestó mi ser, la adrenalina corría furiosa por mis venas acuartelándose en mi cabeza, en ese momento no había nada, cualquier vislumbre de pensamiento coherente se esfumó de mí, entré en una especie de estado vegetal, podía respirar y continuar con todas mis funciones biológicas mecánicamente, inclusive podía caminar y proseguir con la lúgubre llamada telefónica. Cuando retomé la conciencia completamente me encontraba vomitando en un arbusto, mientras el sudor empapaba todo mi cabello como si hubiera recibido un balde de agua helada.
Soy de esas personas que no temen a la muerte, lo intuyo tan natural como el nacimiento mismo, no tengo ninguna explicación mística ni religiosa para entenderla, eso se me hace un tanto cobarde. Estoy plenamente convencido de que la razón humana es un simple accidente aleatorio, un dossier de compuestos químicos reaccionando según sus reglas y caprichos. Soy de esas personas insensibles a la muerte, de aquellos que hacen mofa de las enfermedades  por más contundentes que éstas sean. Muerte, tu cerebro se enfría, se coagula, se descompone, no hay nada, no hay paraíso, no hay reencarnación, sólo te conviertes gradualmente en un pila de mierda de gusanos, con la carcasa hinchada y verduzca, con cualquier capacidad perceptiva deshabilitada y por suerte también las terminaciones nerviosas y las neurosis que provocan dolor. Soy de los pocos que van con ese seguro, continuo y progresivo paso hacia la senda de la perdición, sin vacilar ni un solo segundo.
Papá tuvo una muerte preciosa, un infarto. No vivió el infierno que yo me estoy agendando, una lenta caída a un abismo de enfermedades dolorosas, de órganos que se rehúsan a seguir trabajando, de infecciones internas, de carne pudriéndose en vida propia, de tubos conectados a todo el cuerpo, de funciones cerebrales muertas, de una interminable agonía comatosa por culpa de una familia con creencias ridículas, que prefieren obsequiarme una vida de mentira enclaustrado en una cama de clínica barata con el olor de mi orina acompañándome a optar por la reconfortante, elegante y digna muerte inducida por una intravenosa de potentes fármacos, o por lo menos del cálido beso de la bala en la frente. Papá tuvo una muerte preciosa.
Estoy en el funeral, todos lloran, un tumulto de extraños para mí, al parecer mi papá era un hombre muy querido un montonal de familiares y compañeros de trabajo que apenas reconozco de vista. Es un poco incomodo estar rodeado por la nueva familia de papá, mi hermana, mi hermano y yo nos quedamos en el rincón más apartado y oscuro, mamá prefirió quedarse en casa a velarlo por su cuenta, estaba devastada e histérica pese a tener 20 años de divorciados. Mis hermanos, al igual que todos en la estancia, lloran, mi hermana grita desconsolada mi hermano deja caer un chisguete de lágrimas mientras sorbe los mocos y da un suspiro ocasional; yo sigo en shock, no es la muerte lo que me molesta, me sentía plenamente preparado a aceptar el deceso de uno de mis padres gradualmente, viendo como la salud se deterioraba, viendo como el ciclo se cumplía descarnadamente, poder tener al viejo en su lecho, escuchar sus últimas palabras, sostener su mano hasta el final, guardar mis angustias y estar ahí dando todo el apoyo moral, decirle que la muerte es algo hermoso y necesario, que no hay nada que temer, que todo estará bien …Pero no, la caprichosa muerte lo arrebato, lo cual fue lo mejor para él, se quedó en un apacible sueño, sin tener que dar la cara al dolor de dejar a los seres queridos, es lo único que no deja a uno morir en paz, el saber que los demás se quedan, que les arruinaste la semana o el mes, que estarán tristeando cada vez que lleguen las navidades o tus cumpleaños. ¡Qué bueno que papá se ahorró todo ese teatrito de sentirte culpable por el hecho de cumplir una regla inalterable de la vida misma! Es por eso que no lloro, lo quise, a mi manera, él me quiso, a la suya, y ambos lo sabíamos, incluso me atrevo a decir que yo era su favorito, incluso más que la hija de su nueva mujer. Él me entendía y yo a él sin la necesidad siquiera de cruzar palabras, simplemente no teníamos casi nada en común, el era un ferviente amante del futbol y de los autos, a mí me gustaba la literatura y la filosofía, quizá lo único que nos unía era la música de rock & roll. Siempre me apoyó ya fuera llevándome a conciertos o comprándome instrumentos y amplificadores, era un buen hombre, nos quisimos a nuestra manera.
Todos se me quedan viendo raro, preguntándose si yo soy su hijo, y después tachándome de un puto monstruo sin sentimientos por el hecho de no haber soltado una lágrima en toda la noche, me hacen sentir incomodo, como un personaje de Albert Camus. ¡A la verga! No tengo que darle explicaciones a nadie, a nadie le gustaría quedarse pensando en que las personas van a sufrir una vez después de su muerte. Me dirijo sin pronunciar palabra hacia la mesa donde sirven café y brandis, me decido por éste último y me despacho una botella para mí solo mientras los Delicados con filtro se prenden con la colilla del anterior sin cesar.
Casi amanece, faltan 10 minutos para las 5:00 a.m. pido al resto de los veladores que se retiren, que deseo estar unos minutos a solas con mi padre, nadie cuestiona mi deseo. En cuanto la última persona deja la habitación por la puerta principal, abro el féretro, saco el cadáver y lo cargo sobre mi hombro, reviso la mesa y encuentro las llaves del Mustang 98 de mi papá, salgo por la puerta trasera de la funeraria, subo el cuerpo en el asiento del copiloto del auto, lo aseguro bien echando el respaldo en un ángulo abierto y abrochando potentemente el cinturón de seguridad y me lanzo a toda velocidad a la carretera con dirección a Morelia.
Después de una media hora mi teléfono no deja de sonar, obviamente están desesperados por mi papá e imaginándose qué locura debí de haber hecho, no tengo que darle explicaciones a nadie, tengo la misión cuidadosamente insertada en la mente, me deshago del celular lanzándolo por la ventana. Papá se ve muy tranquilo, la apacibilidad del sueño, uno no se daría cuenta que está muerto, salvo por una breve palidez en su rostro, pero bajo la tenue luz del alba, se ve tan relajado, incluso sus labios están formando una sonrisa, creo que se da cuenta de mi quehacer  y lo hace llenarse de una inexplicable satisfacción postmortem. Le acaricio con ternura la frente mientras conduzco lleno de júbilo.
A mitad del camino, un inmenso sueño me arrebata, recuerdo que estoy completamente ebrio tras haberme bebido botella y media de Bacardí en los servicios, me enfilo hacia una gasolinera para recargar combustible y comprarme algo de comer para aligerar la borrachera. No habrá problema, cubro el cuerpo de mi papá con una manta que por suerte encontré en el asiento trasero, dejando su rostro libre y con la  plena certeza de que quien lo vea lo tomará por dormido. Compro un sándwich de pavo en el OXXO de la estación y 3 Red Bulls para aguantar el viaje, a la salida me topo con una bolita de camioneros que beben cerveza; recordando viejos mitos sobre esas paradas de camioneros me acerco a uno de ellos y le pregunto por píldoras estimulantes, después de un rato de vacilar sobre si era policía o no, me ofrecen su mercancía, tomo una fuerte píldora y también les compro una pequeña pero generosa dosis de ácido lisérgico, lo consumo combinado de una vez y reanudo mi viaje.
La droga hizo efecto, ni siquiera tuve que tomar el Red Bull, bueno, sólo lo tomo para mitigar la sed de la naciente resaca. Voy conduciendo muy rápido, la autopista está completamente libre, como se encuentra un miércoles a las 5 y cacho de la mañana, voy como a 210 por hora, es un día de verano y la brisa que entra por una tímida apertura que dejé en el vidrio es realmente refrescante. Para hacer el viaje más reconfortante pongo un poco de música conectando mi iPod al estéreo.
-¿Qué quieres escuchar papá?
-Lo que quieras hijo.
-¿Unos Creedence estaría bien?
-Sí, ponlos.
-Estuvo bien poca madre cuando me llevaste a ver a John Fogerty, fue de los mejores conciertos de mi vida, gracias.
-No, de qué viejo … ¿Por qué haces esto?
-¿Qué?
-No te hagas. Sabes que no es necesario.
-Sí, lo sé. Tú ya no entiendes qué pasa. Pero tengo que hacerlo, es mi deber. Te hice esta promesa desde que era un niño. Y sé cuánto te importa.
-Pero te vas a meter en un pedote, lo hubieras hecho con calma, al día siguiente y con el consentimiento de todos.
-no, tenía que hacerlo de ésta forma, era la única manera… ¿Crees que me iban a dejar traerte de copiloto? Además también dame el gusto, es la última vez que tenemos para platicar, estar tranquilos, escuchar unas rolitas… es más.
-¿Por qué te detienes aquí?
-Espérame.
Me detengo en otra tienda de autoservicio y compro una caja de cerveza helada.
-Ahora sí, ¡¡¡váaaamonos!!!
-Pues qué más queda, a echar la última chela.
-¡Salud, papá!
-¡salud, viejo!
-Viejo, la policía nos va a estar buscando.
-No, no creo, no recuerdas que para no tener pedos con éste carro y cosas de pensiones e investigaciones lo pusiste a mi nombre, legalmente es mío, no pueden poner reporte de robo. Tranquilo, pa. De todas formas el pedo va a ser conmigo, a ti ya qué te pueden hacer.
-¡Eres un chingonazo, viejo!
-Sabes, papá. Siempre pensé que cuando este momento llegara me iba a sentir bien culero, como de que: mi papá se fue, nunca lo volveré a ver, nunca le dije todo lo que sentía, que le estaba muy agradecido por todo lo que hizo por mí, que nunca lo abracé en vida y todas esas cosas, pero no. Me siento muy tranquilo, creo que somos muy iguales, ambos somos muy fríos y crudos, no nos importan esas torpes cursilerías de expresar cariño ni nada, y aún así sabemos cuánto nos queremos. Creo que lo heredé de ti y me gusta, encajono todos mis anhelos y nostalgias y no me importa, después las saco en una canción o un poema y ya, somos iguales, tenemos este chasis de acero y por dentro somos sensibles y tan o más humanos incluso que todos esos ridículos llorones, afectuosos y maricas. Ellos sólo son poses, necesitados de la apreciación de los demás. Nosotros no necesitamos que nos enaltezcan, somos reales y completamente desinteresados. Incluso, cuando íbamos en tu carro y no teníamos nada de qué hablar por hasta una hora, yo me sentía tranquilo, pues simplemente tenemos poco en común en la superficie, pero ahora entiendo de donde viene mi apasionante gusto por la soledad, gracias, heredé de ti todas las virtudes que me han hecho grande, las que más me enorgullecen, las qué me han hecho el hombre que soy. Si me siento culpable por algo es por haberte odiado tanto tiempo durante mi infancia, tú sabes, el divorcio con mi mamá y eso. Me sentí completamente rechazado, creí que me odiabas, que era la peor basura del mundo y ni mi propio padre quería permanecer a mi lado, me sentía cohibido y temeroso todo el tiempo, falto de cariño y de una figura en mi vida. Pero una vez que crecí, me di cuenta de que tú siempre estuviste ahí, ya fuera para pasar diario por mí para llevarme a la escuela, intentándome meter al equipo de futbol sin éxito, llevándome cada semana al tianguis a cambiar los cassettes de Super Nintendo, o apoyando mis más grande sueño de ser músico proveyéndome de instrumentos, nunca me faltó nada económicamente, eres un gran ser humano, muchísimas gracias. Una vez que crecí y comencé a tener novias y enamorarme y toda esa mierda, te entendí, entendí por qué no funcionó lo tuyo con mamá. Abrí los ojos, creo que el divorcio fue lo mejor a vivir una vida con alguien que no amas, con quien vas a estar peleando toda la vida, donde nunca serás feliz. Creo que esa fue la mejor elección que pudiste hacer. Te agradezco otra vez de ante mano todo, y deja que te diga esto de todo corazón: Te quiero un putero, cabrón. ¿Papá? …¿Papá?
-…

Una vez que la droga perdió su efecto, papá regresó a su estado inerte, mientras la radio comenzaba a tocar Have You Ever Seen The Rain de los Creedence.